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Herramientas de corrección

La disciplina correctiva puede administrarse con herramientas de corrección muy variadas, algunas muy formales e ideadas para la función, otras mucho más improvisadas. Los instrumentos utilizados para ejecutar la corrección se pueden dividir en tres categorías: la propia mano humana, los implementos rígidos y los flexibles.

Entre los accesorios que se suelen utilizan en la corrección en las escenas BDSM o en los juegos de dominio y sumisión se incluyen las palas rígidas, los cepillos para el pelo y las cucharas de madera. También podemos encontrar correas flexibles, bastones, ramitas de abedul o látigos de todo tipo. Cada uno de estos instrumentos tiene su propio protocolo de uso. La gravedad de la falta cometida por el sumiso, la postura en que se encuentre o el tipo de fantasía erótica que se esté escenificando determinarán el instrumento a utilizar en la corrección.

La mano

Para aplicar las nalgadas no hay instrumento más perfecto y que ofrezca una gama más amplia de matices de aplicación que la mano. La mano, con sus ecos de la infancia y sus resonancias maternas, puede servir para ablandar al más rebelde de los esclavos. Muchos más, seguramente, que el látigo o el bastón. ¿Quién no se enternece ante el recuerdo materno?

Las nalgadas con la mano pueden ser leves, casi indoloras. Su efectividad como herramienta de corrección, en este caso, es más debida al sentimiento de vergüenza que se crea en el sumiso que no al dolor causado por el cachete en sí. Cuando ese castigo se realiza ante el público o cuando va acompañado del uso de un tipo de ropa determinado, ese sentimiento de vergüenza se hace más intenso. Por otro lado, el uso de la mano implica también que la intensidad del castigo no pueda ser, físicamente, muy elevado. Hay que tener en cuenta que la mano también puede sentirse afectada por tanto golpe, y lo que menos quiere la parte dominante es salir lesionada tras la ejecución de un castigo. Eso supondría un deterioro de su autoridad.

La nalgada relacionada con la mano es, sin duda, la más íntima de todas las penas. Eso implica que, aunque sea un castigo, la cercanía física de Dómina y sumiso actúa como un lenitivo para él, algo que le sirve de consuelo y que le hace comprender que el castigo no es un capricho de una Ama cruel e insensible, sino algo que se hace por su propio bien, para corregir su mal comportamiento. Para este tipo de práctica de dominio, entonces, las mejores fantasías son, también, las más arquetípicas: la de la niñera, la de la institutriz y la de la Reina.

El castigo puede ejecutarse con el sumiso doblado sobre las rodillas o en el regazo del Ama. Con una mano, la Dómina puede sujetar la espalda del sumiso, hacia abajo, mientras con la otra ejecuta el castigo. Las piernas del sumiso pueden colocarse entre los muslos del Ama para, así, evitar la evasión de aquél. El Ama puede estar sentada en una silla o en el borde de la cama.

Más que en cualquier otro castigo, el ritmo y la fuerza de las nalgadas dependerá de la situación y del desarrollo de la escena. ¿Qué fantasía se está escenificando? ¿Qué delito ha cometido el travieso sumiso? La respuesta a estas preguntas determinará cómo debe aplicarse el castigo, si es necesario golpear las nalgas del sumiso hasta que llore o hasta que muestre su profundo arrepentimiento o si, por el contrario, hay que detener la paliza cuando la zona golpeada enrojezca intensamente. O quizás haya que plantearse el cambio de instrumento de castigo y echar mano a la correa, la pala o alguna otra herramienta de castigo.

El cepillo

Los instrumentos de madera son algunos de los implementos más habitualmente utilizados en las escenas de dominio y sumisión.

Los cepillos se pueden encontrar y adquirir en tiendas especializadas en productos para sado o BDSM, pero en las tiendas normales en las que se venden productos para el baño y la higiene corporal se pueden encontrar cepillos de madera de todos los tamaños y tipos. Desde los más pequeños, destinados a la limpieza de la cara, hasta los más grandes, destinados a desenredar el pelo o a limpiarse la espalda mientras uno se ducha, la variedad es amplia.

A la hora de buscar uno de estos cepillos para después poder utilizarlos en las correcciones durante las escenas de dominio y sumisión, hay que fijarse en el peso y la suavidad de sus mangos. Serán ellos los que permitan un fácil uso por parte de la Dómina. Aunque hay que tener en cuenta que la verdadera mística y el verdadero valor del cepillo como herramienta de castigo radica en su feminidad. Un accesorio tan íntimamente relacionado con los rituales del cuidado femenino provoca muy fácilmente la fascinación del sumiso masculino.
Un cepillo adopta las mismas posiciones que la mano a la hora de efectuar las nalgadas y mantiene gran parte de esa dulce intimidad del castigo manual. Sin embargo, el castigo puede resultar más grave. El cepillito puede causar contusiones si los golpes son demasiado intensos o si el castigo se prolonga durante demasiado tiempo. Antes de comenzar a aplicar el castigo, recuerda siempre una regla que debería figurar escrita en letras de oro en la memoria de toda Dómina. Esa regla dicta que todo castigo es un equilibrio entre la intensidad y la duración.

El cepillo es un instrumento ideal para ser utilizado en castigos severos y moderados. La superficie de madera permite continuar el castigo durante mucho más tiempo que si ese castigo se aplica con la mano. Quizás por eso sería recomendable reservar el uso del cepillo para sesiones intensas o para castigar “crímenes” especialmente odiosos.

El cepillo es una herramienta correctiva ideal para castigar al siervo insolente que se rebela contra el poder de la reina, al adulto-bebé que no sabe comportarse o al hombre disfrazado de criada. Con unas braguitas puestas, el golpe que propine la parte dominante, puede ser más intenso. Las braguitas se encargarán de que no se enrojezca demasiado la preciosa carne sobre la que está actuando el cepill.


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