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El Bondage no es sólo atar a tu pareja

Hay algo que debes tener siempre presente, y es que el Bondage no consiste en atar a tu pareja en la posición que elijáis e, inmediatamente, proceder a realizar el coito. Para follar siempre hay tiempo y la penetración debería llegar sólo al final del juego. Debería ser, por decirlo de algún modo, la guinda de un pastel del que hemos degustado todos sus sabores.

Los elementos bondage se pueden incorporar a los juegos preliminares, esa fase del acto sexual que en ocasiones tenemos tan olvidada y que es tan importante para el placer y la satisfacción erótica. Después, se puede practicar la relación sexual propiamente dicha sin cuerdas ni ataduras. De hecho, la esclavitud implícita en el Bondage es, en el fondo, una forma de acariciar. Para que esas caricias tengan lugar, se necesita una preparación y un trabajo de imaginación previo que sirva para reunir los instrumentos necesarios y para elaborar la escena que se desarrollará.

Palabras, las justas

No es necesario dar órdenes continuamente ni utilizar un lenguaje soez sólo por imitar estereotipos. No hace falta que a cada momento le estés diciendo guarra, puta, zorra ni cosas semejantes a tu pareja (si es femenina) ni cabrón, perro o cerdo si lo es masculina. Describid todo lo que vais a hacer antes de empezar a hacerlo y el tono que vais a elegir para dirigiros el uno al otro. En muchas ocasiones, el silencio mientras se procede a atar e inmovilizar a esa pareja la excita más que la continua pronunciación de palabras sucias.

Utiliza tu boca

No hace falta que te recalquemos demasiado que tu boca es un instrumento que puede proporcionar placer y tortura al mismo tiempo. Pasea tus labios suavemente por el cuerpo de tu pareja. Juguetea con tu lengua sobre él. Mordisquéale suavemente con diferente intensidad y en diferentes sitios. Si tiene los ojos vendados, la sorpresa de cada acción será como un latigazo de placer. La erección o la humedad vaginal serán inevitables.

Experimentación

Hay muchas cosas que pueden servirte para hacer cosquillas y, así, torturar cariñosa y placenteramente a tu pareja atada. Plumas, borlas de seda, pieles, pinceles… Acaricia con esas cosas los brazos de tu pareja, sus manos, la cara, el vientre, la parte interna de los muslos, las orejas, el antebrazo, la corva tras las rodillas… Experimenta sobre el cuerpo de tu pareja. Ella, seguramente, se retorcerá de placer y te suplicará que la folles.

Otros instrumentos

Palillos chinos, cepillos para rascar, peine u horquillas son instrumentos interesantes por las posibilidades de juego que pueden ofrecerte en un momento dado. Con ellos podrás ejercer algo de presión sobre la piel, alternando suavidad y dureza. Esa dureza, obviamente, nunca puede ser lo suficientemente intensa como para causar daño. En el Bondage se está para disfrutar, no para causar ni sufrir daño. Hay que estar siempre bordeando ese límite que separa el placer intenso del dolor, pero nunca hay que traspasarlo.

El calor, un aliado

Masajea a tu pareja con aceite de masaje que se calienta al contacto. Esa aplicación de calor a su cuerpo la pondrá, y nunca mejor dicho, ardiente y entregada.

El hielo

En Nueve semanas y media Mickey Rourke nos enseñó cómo hacerlo. Y a Kim Basinger le gustaba. Seguro que también le gusta a tu pareja. Coge cubitos de hielo y, sobre el cuerpo de tu pareja, dibuja caminitos a lo largo de hombros, cuello, abdomen, muslos, pies y manos. Una cadena de metal puesta en el congelador puede servirte también para llenar su cuerpo de pequeños escalofríos.

Vestido para matar

Nada ayuda tanto a dar el ambiente a una escena como escoger la vestimenta adecuada. Esto no quiere decir que tengas que recurrir, obligatoriamente, al cuero o al látex. La cuerda es un material muy versátil, muy adecuado tanto para una dominatrix como para una dama en peligro. Según qué ropa interior seguro que sirve para dar el tono adecuado a la escena y para añadir una dosis de picante que redundará positivamente en el juego


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