Follar con escorts en Barcelona y Madrid

Escorts en España: Barcelona y Madrid las mejores opciones

No confundas el término escort con el de puta, al menos puta barata. Porque las escorts son en realidad Prostitutas de lujo. Es por ello que te invitamos a que descubras las mejores escorts en Barcelona donde verás que estas chicas además de ser unas preciosidades no tienen tarifas precisamente barata y esto se debe precisamente a su ratio de belleza, a su nivel de educación, el servicio que prestan y por supuesto, elegantes apartamentos donde recibirte. Es la súper conocida web de GirlsBCN, que inició el concepto de escorts en la ciudad de Barcelona.

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Y para encontrar escorts en España te tendrás que ir a las grandes ciudades, Barcelona y Madrid. Antes te presentamos a las chicas de compañía de lujo en la capital catalana, pero si estás en la capital de España o estás de paso, te vamos a recomendar la que es sin duda, la mejor web de escorts en Madrid, que todo el mundo conoce como GirlsMadrid.

La escort es bella y sexy, cariñosa e implicada, irresistible y provocadora. El morbo es el plasma que corre por las venas de la escort. Y es que la escort es tentación, lujuria y concupiscencia, todo ello mezclado y guardado en el envase de un cuerpo explosivo y muy fotogénico. No importa que la escort venga desde el otro lado del Atlántico (piensa en Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico, etc.) o desde cualquiera de esos países del Este en los que las mujeres guardan su lujuria bajo las siete llaves de una apariencia elegantemente gélida, la escort llevará siempre la relación sexual a una nueva escala de sensibilidad y de placer sirviéndose no sólo de su indudable atractivo, de su experiencia como amante y de su liberalidad y su no conocer tabúes ni fronteras cuando de disfrutar del sexo se trata.

Escorts Madrid

La escort o acompañante de lujo, esa mujer que ha sacralizado el sexo despojándolo de todo lo que pueda remitir al sentimiento de pecado, es una mujer preparada y elegante que sabe comportarse correctamente en cualquier tipo de situación. Por eso una escort es la pareja ideal para acudir a un evento, a una fiesta, a una cena, a una convención, a una celebración, etc.

La escort, además, es la señorita de compañía ideal para prestar un servicio GFE. Gracias a este servicio tan especial, el caballero se sentirá siempre como si estuviera acompañado por una novia enamorada que, además de dulce y cariñosa, estuviera siempre dispuesta a adentrarse por esas veredas que, como hemos dicho, conducen a ese espacio mágico y maravilloso en el que habita el placer más intenso. A él podrá llegarse tras aventurarse, por ejemplo, por las maravillas del masaje erótico o por los no menos arrebatadores placeres de la felación, la paja cubana, el sexo anal o de todas esas prácticas sexuales que todo hombre soñó con realizar alguna vez en su vida junto a una bella mujer. Y por favor, no las confundamos con putas porque aunque la profesión es la misma, cambia mucho la manera de llevarla a cabo.

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Razones para acudir a una escort

Hay quien dice que el sexo es un puerto. Otros creen que es un faro. Que sirve sobre todo para que en mitad de la noche puedan orientarse esos navegantes eternamente al borde del naufragio que, en el fondo, todos somos. Puede ser. Después de todo, ¿qué mejor que un buen polvo para dejar las preocupaciones del día colgadas del galán de noche?, ¿qué mejor que un rato de placer intenso y concentrado para zurcirse los jirones que el día a día nos va dejando en el alma y sentirnos a resguardo de sus zarpazos?

Lo que no consigue una sesión de terapia psicológica puede conseguirlo una buena mamada. El sexo oral puede ser el mejor diván de psiquiatra y un masaje erótico puede reconciliarnos con ese cuerpo nuestro con el que quizás recientemente hayamos tenido algún pequeño desencuentro y con el que tal vez andemos un poco escamados porque, cosas de la edad, ya no responde a los impulsos de nuestra mente como lo hacía hace apenas unos años. Y es que el cuerpo siempre acaba por salir respondón. A partir de un momento indeterminado, ya no nos obedece como antes lo hacía y actúa a su capricho. Como un niño chico o un anarquista irredento. Como si no fuera nuestro. O como si fuera, en cierto modo, nuestro enemigo más íntimo y, por ello, más letal. Un enemigo con el que hay que buscar por todos los medios firmar un pacto que evite una guerra civil que acabe por destruirnos. Para ello necesitamos la ayuda de unas manos sabias y experimentadas que, a modo de intermediarias, permitan que nuestro cuerpo y ese nosotros etéreo que está ahí, flotando por algún lugar, y que es puro pensamiento, sellen la paz. Que volvamos a ser uno e indiviso. Ése es el objetivo final cuando, aventurándonos, buscamos ese puerto que es el sexo.

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Pero para realizar esa tarea de intermediación entre nuestro cuerpo y nosotros no sirve cualquier mano. Para ello no sirve la mano desganada o inexperta que hace las cosas un poco como por rutina y porque toca hacerlas. La mano que debe conducirnos hacia esa reconciliación y que nos haga sentir dioses dentro de nuestra piel, y pese a todos nuestros desconchones, grietas y goteras, debe ser una mano apasionada y a la que le apasione acariciar, una mano de mujer atractiva, implicada, dulce, cariñosa y ardiente que conozca todas las veredas del placer y que sepa guiarnos a través de ellas de manera firme y segura para que nosotros, borrachos de ese placer, encontremos un camino que, en el fondo, en el fondo, a donde de verdad conduce es a nosotros mismos, a nuestro mejor yo, ése que se alza sobre todos los demás cuando nos volvemos puro palpitar y puro desbordarnos y cuando, engrandecidos y reconciliados con la vida, tenemos todo el derecho de compararnos a Dios.

Esa mano hábil, apasionada y experta capaz de conducirnos a esa reconciliación con nosotros mismos es la mano de la escort. La escort es la práctico de ese puerto que puede ser el sexo, la encargada de manejar la luz del faro para orientar a todos esos náufragos que, para salvarse, buscan un refugio en el que, a resguardo de todo, puedan dedicarse única y exclusivamente al placer y a la sensualidad. Una escort es al sexo lo que un escultor es al mármol. Con un trozo de piedra pueden hacerse muchas cosas, desde utilizarlo a modo de pisapapeles a usarlo como proyectil con el que cargar una honda, pero sólo el escultor podrá crear arte a partir de él. El sexo, asimismo, puede practicarse de muchas maneras pero muy probablemente sólo alcanzará la categoría de arte cuando en su práctica intervenga una escort, señorita de compañía o acompañante de lujo. Y la escort, como el escultor y como todo artista que de verdad lo sea, dará sin duda su toque personal a esa obra de arte que, en el fondo, es cada una de sus citas.