Los juegos BDSM

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Dominación y sumisión Sexual

Uno de los componentes fundamentales de los juegos BDSM radica en la aceptación de que entre los dos miembros de la pareja existe un desequilibrio de energía y fuerza. Ese desequilibrio puede ir o no más allá de las cuatro paredes de la habitación, pero el juego exige que exista un miembro de la pareja que ejerza de dominante (o superior) y otro (el inferior) que ejerza la sumisión que será el sumiso. Esto no significa, en caso alguno, que se dé una situación de abuso de poder, pues debe existir siempre un consenso basado en la mutua información que consiga llevar a cabo lo que es ideal en estos juegos: que el dominante goce controlando con autoridad la actividad erótica de la pareja y ésta, a su vez, lo haga sintiendo placer en la pérdida del control de su cuerpo y de las acciones que éste pueda realizar.

Esa vulnerabilidad de la parte dominada ante la dominadora es la materia que nutre el intenso erotismo de estos juegos. Para muchos hombres y mujeres es en el desarrollo de estos juegos donde únicamente pueden experimentar la liberación de una energía muy íntima, tanto como esos deseos y fantasías sexuales a los que se puede dar rienda suelta. Sin embargo, los jugadores deben adherirse al BDSM sabiendo que es un credo sexual seguro, sensato y consensuado. El macho dominante acostumbra a ser llamado Maestro. La mujer dominante, Ama. La parte dominada del juego puede ser llamado esclavo o esclava o mascota. Aunque algunas parejas disfrutan de esta terminología que otorga títulos honoríficos a la parte dominante, muchas de las parejas que se sumergen en el universo BDSM prefieren jugar con dinámicas de poder sin utilizar etiquetas de ese tipo. El grado en que una pareja BDSM introduce conceptos y convenciones en su relación es algo personal. Ese grado y el tipo de relación y juegos debe ser hecho a medida, pues cada pareja tiene su propias preferencias y sensibilidades.

Los límites del juego

Una pareja debe decidir sobre los límites de su juego de poder. ¿Qué actos estarán absolutamente prohibidos? ¿Qué actos serán los favoritos? ¿Qué tipos de cosas se pueden negociar? Sobre estas tres preguntas pivota finalmente la estructura y los contenidos del juego. Un límite es algo que debe establecerse por consenso. También se debe establecer por consenso la maleabilidad o no del límite. ¿Puede modificarse el límite una vez iniciado el juego y tras otra negociación? Eso también debería pactarse de antemano, al igual que debería pactarse el tiempo que debe durar el juego. ¿Queremos jugar durante diez minutos o queremos hacerlo durante todo un fin de semana? Hablémoslo y decidamos.

Atendiendo a todo esto que vamos conociendo comprenderemos que si algo es esencial para que la seguridad, el consenso y el respeto sean parte integrante del juego BDSM, ese algo es la COMUNICACIÓN. Debido a que este tipo de actividad sexual incluye elementos de resistencia, las parejas deben elegir una “palabra de seguridad”. Esta palabra, consensuada y, por supuesto, conocida por ambos jugadores, debe servir a la parte dominada para detener en cualquier momento el desarrollo de una acción que, por un motivo u otro, le resulte desagradable o no deseada. Si la parte dominada entiende o siente que el juego está llegando a un límite no deseado tanto física como moralmente, deber ordenar mediante esa “palabra de seguridad” y a la parte dominante que se actúe en otra dirección, de otro modo.

Negociación previa

Las parejas pueden hacer de esa negociación previa un juego, sin olvidar que ese intercambio de fantasías sexuales y la imaginación de llevarlas a la práctica es uno de los mejores estimulantes que puedan existir para caldear el ambiente y, a su vez, el mejor camino para conocer las expectativas y los deseos más íntimos de la pareja. Se pueden imaginar argumentos e historias que luego se escenificarán. Se pueden mecanografiar esas historias para tener después un texto erótico que ayude al desarrollo de la escena. Se puede hacer todo eso y más siempre que se alcance el objetivo principal de esta negociación previa: que cada participante del juego entienda lo que de dominación o sumisión se espera de él. También que sepa ese participante lo que en ningún caso se espera de él. Lo que, en definitiva, en ningún caso debe realizar. Si lo hiciera, traspasaría un límite y eso supondría romper las reglas del juego y, con ello, el juego en sí, convirtiéndolo en otra cosa no pactada y, por tanto, no deseada por el otro participante del juego. En definitiva, una ruptura unilateral de un límite del juego supondría, en cualquier caso, una violación de la libertad de la parte dominada.

Lo que las parejas deben hacer antes de iniciar un juego BDSM es un trabajo de preparación en el que intercambien fantasías sexuales y expongan a las claras y sin tapujos lo que esperan del juego. La sinceridad entre los dos jugadores es básica para que el juego cumpla su función y el desengaño sea una palabra sin cabida entre ellos. El juego BDSM siempre es una manera sensual y divertida de conocer más profundamente no sólo al otro sino también a uno mismo. Es esencial que cada uno de los jugadores sepa lo que unos y otros esperan de los demás y de sí mismos. Sólo de ese modo se podrá explotar mejor y disfrutar más intensamente tanto de la dominación como de la sumisión.


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