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Compartiendo la intimidad y la confianza

Sin confianza, una sana relación de dominación y sumisión es imposible. Sólo la confianza permite a los socios del juego discutir sus fantasías para después llevarlas a la práctica. Sin esa discusión y sin esa confianza casi ciega, el juego está abocado al fracaso, máxime si la fantasía que se quiere practicar implica servidumbre, humillación y, hasta cierto punto, dolor.

Aunque existen personas a las que no les resulta complicado compartir sus deseos sexuales con desconocidos, lo normal es que, en mayor o menor grado, la mayoría necesite un tiempo para construir esa confianza en la que deberá basarse el juego. Para todas esas personas, una sola noche es algo imposible de imaginar. Es imposible conocer las necesidades de otro, cumplir su satisfacción y la propia y luego desaparecer, todo ello en unas pocas horas.

Al entregar su cuerpo al ama, un hombre sumiso está diciendo: “yo confío plenamente en ti”. Pero, ¿de qué confianza estamos hablando?

En primer lugar, es responsabilidad del ama con el sumiso conocer los límites de su pareja. Y respetarlos. Si tu ama se queda demasiado lejos del marco de tus límites, es probable que te sientas frustrado, decepcionado e insatisfecho. También ella. Si, por el contrario, va más allá de esos límites, es muy seguro que te sientas dolido emocional o físicamente. Ella debe saber llevarte a tus límites.

Este proceso no es sencillo. Su complejidad requiere tiempo. Sin embargo, una vez que la confianza se ha establecido, ella es una de las fuentes de alegría más grande de la relación. Tu pareja, actuando de ama, debe llegar a pensar: mi sumiso marido confía en mí su cuerpo y sabe que no voy a perjudicarlo más que lo que él me pida; sabe que soy sensible y amorosa, que persigo su placer, y que puede confiar en mí su vida, así como una navaja, un poco de jabón y… sus testículos.

Compartir fantasías profundiza los lazos entre los socios. Éste es uno de los conceptos clave del juego. Un hombre sumiso sabe que su ama conoce y entiende sus más profundas necesidades sexuales, ésas que, por vergüenza o miedo, no se ha atrevido nunca a confesar. Una mujer dominante que comprende las fantasías sexuales de su marido será capaz de construir un escenario en el que esas fantasías se hagan realidad y, al hacerlo, se sentirá lo suficientemente fuerte como para exigir sus derechos. El juego, en definitiva, hará crecer su relación cotidiana. Los matrimonios en los que la mujer está en una posición dominante acostumbran a ser los matrimonios más igualitarios y, al tiempo, los más satisfactorios. La confianza y la intimidad que el juego fomenta hacen que así sea.

El ama reticente. Aprender a amar

¿Tienes algún conflicto interno para ejercer tu papel de ama? ¿Te sientes internamente sumisa y por eso te cuesta tanto imaginarte en una posición de dominio? ¿Te resulta posible aprender a amar de una nueva manera? ¿Puedes convertirte en una feliz, eficaz y satisfecha ama? Ni lo dudes un instante. ¡Pues claro que sí! No todas las amas empezaron sus días fantaseando con la posibilidad de castigar controladamente a hombres sumisos e impotentes. La mayor parte de las amas aprendieron las técnicas de dominación y fue después cuando empezaron a disfrutar de la experiencia. Siguiendo nuestros consejos conseguirás ambas cosas: convertirte en un ama y, al mismo tiempo, divertirte mientras lo haces.

Lógicamente, la intención de estos consejos no es, en ningún caso, introducir en la vida de la mujeres una obligación contraída para con los hombres. Si después de escuchar nuestras sugerencias y poner alguna de ella en práctica compruebas que no disfrutas con los juegos de Dominación Femenina, pues no dudes en abandonar el juego. Si el sumiso macho sigue insistiendo en jugar, déjalo. Sin cortarte un pelo. Nadie tiene derecho a obligar a otro a realizar actos sexuales que le provoquen incomodidad. Sin embargo, creemos sinceramente que no estaría mal que te dieras una oportunidad de entender y disfrutar de este nuevo mundo de experiencia. Puedes llegar a disfrutar mucho.

Si tienes temores muy arraigados o serios conflictos sobre cuestiones de carácter sexual, lo mejor es que acudas a un terapeuta. El proceso puede no resultar fácil. Incluso puede ser doloroso (siempre es doloroso enfrentarse a los propios fantasmas y a las propias fobias). Pero con un buen terapeuta y con ganas de trabajar, puedes cambiar positivamente tu vida.


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