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La liberación del sumiso o la sumisa

La liberación del sumiso o sumisa puede muy bien estar regada por sus lágrimas. Durante la dominación, la parte sumisa acostumbra a aliviar otras tensiones de su vida. Algunos hombres, por influencia de la educación recibida y la cultura vivida, no pueden permitirse el hecho de llorar salvo en el contexto del juego. Otras personas necesitan manifestar dentro de él otro tipo de emociones-tabú. El miedo, la ira, la rebeldía, el arrepentimiento o el desamparo serían algunas de esas emociones. El perdón y consuelo que el ama ofrece tras el castigo alivian esas tensiones psicológicas que, en la vida cotidiana, pueden angustiar a la parte sumisa.

Los hombres sumisos, en especial aquellos que ocupan puestos de responsabilidad en su vida laboral, se toman, gracias a este juego, un respiro psicológico en esa tensión constante de toma de decisiones en la que viven. Es un alivio para ellos que se les diga exactamente lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Obedeciendo, evitan la pena y el sentimiento frustrante del error. Una sesión de disciplina escolar, por ejemplo, puede ser dolorosa, pero también es seguro que tiene un final feliz. En la vida real es muy difícil obtener tanta satisfacción.

Un juego de telas de encaje y cuero

Otro atractivo más que añadir a la dominación femenina es la posibilidad de usar diferentes prendas de vestir. Un uniforme, un traje, unas lentillas… Para un hombre sumiso, romper con la rutina estandarizada del traje y la corbata y vestirse de camarera o de niño puede resultar un soplo de frescura y libertad.

Muchos hombres sumisos disfrutan vistiéndose de mujer. Esa elección de ropa supone la ruptura definitiva con las normas sociales de virilidad. Más allá de la vergüenza que pueda sentirse impera un erotismo que vence todos los obstáculos. La ropa de mujer, con sus suaves texturas, sus hermosos colores y su delicada fabricación está especialmente diseñada para ser sensual. Además, para el hombre tiene el atractivo de ser totalmente tabú. Un hombre vestido de mujer está, en lo social, mucho más allá de los límites de lo aceptable. Por eso cuando se viste de mujer ejerce un mayor libertad.

Por otro lado, la ropa femenina está, lógicamente, asociada a la mujer y, con ello, a sus misterios y al gozo sexual que pueden ofrecer a un hombre. Entre los estereotipos existentes entre los hombres hay uno que no ha dejado de existir: el de pensar que la vida de la mujer es más sencilla. Muchos hombres lo creen, erróneamente, pero ése es otro motivo más para buscar un escape psicológico a su realidad vistiéndose de mujer.


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