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Gratificación sexual retardada

En demasiadas ocasiones, hoy en día, buscamos una gratificación sexual instantánea. El sexo virtual on line está a sólo un clic de nuestro alcance. El BDSM busca un enfoque más lento, más sexy. El erotismo se basa en la anticipación, en el disfrute de cada sensación física, en prologar la experiencia sexual para, al mismo tiempo, retardar el orgasmo y hacerlo más intenso. Para disfrutar al máximo de su juego BDSM, la parte dominante debe retrasar todo lo que pueda tanto el clímax de la parte sumisa como el suyo propio. Esto se puede conseguir incluyendo o no en la práctica del juego el uso de elementos diversos de control del orgasmo.

Para conseguir ese retraso del orgasmo es prioritario que los participantes del juego sean excepcionalmente atentos los unos con los otros. El dominante debe saber leer el lenguaje corporal del sumiso, conocerlo, escuchar su queja y ser consciente en todo momento del punto de excitación de él o ella. De esta manera, el BDSM ayuda a que los amantes estén íntimamente relacionados y sean verdaderamente conscientes de los deseos sexuales de la pareja. A pesar de su sombría reputación, la práctica BDSM favorece la unión sexual de las parejas y el disfrute erótico de las mismas.

Existen ideas muy concretas para retrasar esa gratificación. El cosquilleo sería una de ellas. También algunos juguetes destinados a la tortura. Te ofrecemos aquí algunas ideas generales que podrán servirte en tus inicios como explorador del universo BDSM:

  • Ver tu programa de televisión favorito en la cama, limitando la actividad sexual concreta como besos, caricias, sexo oral, etc. Detener toda posibilidad de que el espectáculo se encienda.
  • Dormir en habitaciones separadas por una noche, sin que haya existido, claro, una discusión por medio.
  • Acordar por adelantado el tiempo de espera hasta el orgasmo. Dos horas no es algo irracional. Por ejemplo: podéis dedicar treinta minutos a masajes eróticos y besos, veinte a sexo oral, veinte a besos por todo el cuerpo, veinte a experimentar y jugar con juguetes eróticos y, finalmente, treinta al coito en sí, deteniéndote, claro, cuando el orgasmo está llamando a la puerta.
  • Parece un tour irrealizable, pero, créenos, es factible con un poco de dedicación y práctica. Mucho mejor, en cualquier caso, que un revolcón apresurado. ¿O no?

Moderación y comportamiento. Juegos mentales

Es posible que hayas oído decir que la mente es el órgano sexual más grande. Los jugadores de BDSM saben que eso es cierto. El poder de los dominantes sobre los sumisos suele basarse en esa manipulación mental para, partiendo de ella, alcanzar al fin el control erótico deseado. De hecho, el intercambio de energía entre los socios del juego tiene que suceder antes en la mente que en el cuerpo. Este juego mental puede llegar a suponer que la parte sumisa pida permiso a la dominante para hacer una llamada de teléfono o para preparar una comida determinada. El poder de la parte dominante en ese momento y la asunción del desequilibrio de poder por la sumisa hace que se establezca el ambiente propicio para que se inicie el juego BDSM.

Para que esa dimensión psicológica del juego se refuerce (es decir, para que los papeles de dominante y sumiso sean más claros y aceptados), la parte dominante puede ordenar que la parte sumisa le llame de una determinada manera o realice ciertas tareas. También puede hacer, para marcar más claramente su poder, tener a la parte sumisa desnuda y con los ojos vendados durante un largo período de tiempo. Esa espera, llena de expectativa y temor, aumenta la sumisión de quien espera órdenes o teme la intervención de la parte dominante. Si estás así, desnudo y sin ver, esperando a ver qué pasa, seguro que te sumerges mejor en tu papel de sumiso. Y a quien te domine, no lo dudes, le ayudará a creerse su papel.


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