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Prejuicios y miedos acerca de la dominación

Las teorías psicológicas más extendidas derrumban esa prevención que puede hacerte asociar el juego de dominio con el simple delito sexual. Las personas que son conscientes de sus deseos y que los aceptan como parte constitutiva de su ser es mucho menos probable que se conviertan en alguien que, de puro violento o monstruoso o descontrolado, pueda devastar la vida de quien le acompaña en su sexualidad. Cualquier persona mentalmente sana y con conciencia suficiente como para comprender sus fantasías sexuales y exponerlas y pactar las reglas de un juego es muy, pero que muy poco probable, que pueda llevarte a la práctica o a la imposición sobre tu persona de actividades que no consientas

Si tus miedos llegan al límite del pánico y si de verdad te colapsa mentalmente la posibilidad de imaginarte en un juego de dominio y sumisión hasta el punto de limitar tu expresividad sexual, puedes acudir a un terapeuta. Él será la persona adecuada (y nadie más) para ayudar a liberarte de tus miedos e inhibiciones. Puede que exista un choque de identidades en conflicto. Puede que tus anhelos más íntimos choquen con tu bagaje cultural. Puede que éste sea un losa que te impide gozar hasta límites insospechados de un cuerpo que, posiblemente, te está pidiendo una liberación y una entrega para la que no se te ha preparado mentalmente. El terapeuta, tenlo por seguro, te ayudará, si es tu caso, a encauzar tus deseos y, sobre todo, tus comportamientos.

Tenlo claro siempre: no hay peor enemigo para el goce sexual que los estereotipos inculcados desde siempre. Ellos te pueden hacer odiar tu cuerpo (las imágenes de moda influyen muy negativamente en la autoestima de mucha gente) y tus deseos, haciéndote sentir sucio o feo o antinatural. Las experiencias personales, a veces duras, pueden haber acrecentado esa sensibilidad hacia el problema. A veces, para evitar el dolor, creamos una costra que nos aísla del exterior y, al mismo tiempo, impide que nuestros sentimientos salgan al aire libre. Esa auto-represión, tarde o temprano, deja huella, tal vez una herida psicológica de difícil curación: una de esas heridas que sangran continuamente y que te empantanan la vida. El terapeuta hará que sane y, ciertamente, sin heridas que sangren es más fácil ser feliz. Limpios de temores y cargas psicológicas es más fácil jugar al juego de la dominación y la sumisión. Y jugar a ese juego es una buena manera de limpiar la mente, desembarazarse de tensiones cotidianas y ganar la autoestima y la seguridad en uno mismo que, a la larga, nos allanará nuestro camino vital.

Encontrar o crear un hombre sumiso

Inaugurar una nueva vida en la que la mujer, dentro de la pareja, ejerza de Ama dominadora puede ser muy simple o muy complicado. Todo dependerá de los pasos que se den para alcanzar ese objetivo y del interés que se tenga en alcanzarlo. Si lo deseas, piensa una cosa: en circunstancias normales es más fácil de lo que parece. Todo dependerá de lo que hayas tardado en aceptar tu interioridad dominante, ese carácter que habitaba en tus entrañas sin que tú lo supieras.


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