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Mitos dañinos sobre los fetichistas

Uno de los mitos más dañinos que existen sobre las personas a quienes atraen algún tipo de actos calificados como “no comunes” es el de pensar que dicha persona siempre “irá a más”, siempre querrá algo novedoso y cada vez más excitante para satisfacer su libido. Esto es algo así como decir que los fanáticos de la salsa caliente buscarán finalmente quemarse literalmente la lengua. Como todos estos mitos, resulta ridículo, infundado, falso y, en última instancia, perjudicial.

Hay que pensar que convivir con un fetiche significa, en primer lugar, alcanzar un grado de libertad que de otra manera esa persona no puede conseguir. Sin poder convivir con ese fetiche, sin convertirlo en parte de su vida cotidiana, una persona que tenga a ese fetiche clavado en su imaginario sexual no podrá disfrutar del sexo de la manera que más le gusta y, al no poder hacerlo, no será completamente libre. Para hombres y mujeres, el momento de enfrentarse a la asunción del propio fetiche y a su comunicación con la pareja es un momento de liberación y de alcanzar un nivel de control sobre la propia vida que antes no se tenía y una posibilidad extraordinaria de crecer. Muchas personas han o hemos tenido que vivir nuestras vidas experimentando el sexo de un modo muy estricto y definido. Ese sexo, digámoslo claramente, se ajustaba a unas reglas que no eran las nuestras. Nos habían sido impuestas.

La asunción del fetichismo

El asumir que tenemos un fetiche y que ese fetiche determina, en cierto modo, nuestra sexualidad, es un acto de clarividencia. Es como ver la luz entre la niebla. Podemos encontrarnos con algo que nos excita como nunca nada antes nos había excitado. Después, quién sabe, puedes encontrar una comunidad de gente como tú. Allí podrás bromear, encontrar consuelo, ver cómo el camino hacia tu felicidad de allana. Y verás cómo es felicidad va, poco a poco, empapando tu vida, que será más completa, más acompasada a tu paso.

Descubrir tu fetiche es algo así como descubrir que a tu coche siempre le has echado diesel cuando lo que necesitaba era gasolina. Dependiendo del grado de tu fetiche y de tu nivel de disfrute, el momento de tu descubrimiento puede ser muchas cosas. Puede implicar un sentimiento de realización, de felicidad, de emoción al descubrir un nuevo juguete sexual, una explicación de por qué aquel día actuaste de aquella manera ante aquel estímulo determinado. También ese descubrimiento puede suponer para ti una especie de shock, una sorpresa quién sabe si abyecta de descubrir esa inclinación dentro de ti.

A veces, el descubrimiento del fetiche se deriva del hecho de gozar de un momento de excitación instantánea que parece no venir de ninguna parte. Si indagas un poco, si te prestas atención y la prestas también a todo lo que te rodea, descubrirás por qué, de golpe y porrazo, has tenido esa erección tan aparentemente inexplicable como ostentosa. Esa erección te habrá dado la señal de partida de tu búsqueda. Completada, te quedarán dos tareas complicadas. La primera es asumir ese fetiche. La segunda, compartirlo. ¿Difícil? Sí, no lo negamos. Pero merece la pena intentarlo. Es tu satisfacción sexual la que está en juego y, con ella, tu felicidad.


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