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Para representar una buena escena BDSM

Como cualquier representación teatral, la representación del dominio y la sumisión debe caracterizarse por poseer un buen guión, un vestuario adecuado, un escenario acorde a lo representado y, por supuesto, unas dotes actorales importantes por parte, principalmente, del Ama.

Como hemos señalado, el guión debe recoger la secuencia de comandos que satisfaga las necesidades y cumpla la representación de las fantasías eróticas de Ama y sumiso. En muchas ocasiones, el dominio del Ama sobre el sumiso sigue un patrón casi predeterminado, un ritual que casi siempre acaba por cumplirse. En primer lugar se establece la autoridad del Ama. El sumiso, entonces, transgrede de algún modo esa autoridad realizando algo que merece un castigo. Cuando el castigo ha sido ejecutado, el sumiso debe sentirse aplacado y cómodo, esencialmente satisfecho con la autoridad que se ha ejercido sobre él.

De todos estos pasos ritualizados, el del establecimiento de la autoridad es el más importante. Que la autoridad quede establecida es un principio sin el cual no puede existir el juego. Para el sumiso que desea sentirse un niño tiranizado por una institutriz o una niñera ese paso es relativamente sencillo. En otro tipo de fantasías eróticas, ese establecimiento de la autoridad puede no resultar tan sencillo.

Durante esta etapa, la fantasía erótica se va configurando. Por ejemplo: la jefa pirata ha secuestrado al sumiso y, antes de decidirse entre venderlo como esclavo o quedárselo como siervo, debe probar su fuerza y su valía. Esta es la etapa de las nalgadas, de exigir servicio de mucama, de la servidumbre oral, etc. Es la etapa en que se obliga al sumiso a comportarse de una determinada manera, a realizar determinados gestos, a interpretar un papel humillante… Esta etapa acostumbra a resultar muy gratificante para el Ama y puede tener, para ella, álgidos momentos de tórrida sexualidad. Imagina simplemente que eres el Ama y que obligas a tu sumiso a que te realice un cunnilingus completo. ¿No resultaría gozoso para ti que tu sumiso te lamiera bien lamido el coño? ¿No le gustaría a tu vagina sentir el juego de una lengua sumisa entre los pliegues más recónditos de sus labios?

Transgresión y castigo

La siguiente etapa del juego debe estructurarse alrededor de la idea de la transgresión. El sumiso, de un modo y otro (dependerá del tipo de fantasía sexual) transgrede las normas del Ama. Para que quede claro a quién pertenece la autoridad, el Ama debe infligir un castigo. Aquí no hay recompensa posible porque no se ha producido ningún acto que la merezca. El castigo debe ser pactado e incluir, de alguna manera, un grado determinado de dolor.

Esta es la etapa más importante para muchos hombres sumisos. El castigo debe estar siempre en el punto justo. Quizás el sumiso se conforme con unos cachetes o unos papirotazos en el pene. Pero quizás necesite algo más hardcore. Si actúas como una verdadera Ama, deberías saber qué juguetes y posturas considera más vergonzosas tu sumiso. Conocerle implicará que sepas a ciencia cierta qué castigo necesita. Descubre sus necesidades y suminístrale la satisfacción de las mismas. Para muchos, el castigo en sí es la liberación. Para otros, esa liberación sólo llegará con el orgasmo o con el consuelo que tú, Ama, tras aplicarle tu severo castigo, puedas ser capaz de proporcionarle.

El orgasmo es casi siempre el final de la sesión. Posponerlo, una forma de castigo. Si sabes hacerlo, tendrás mucho ganado. Llevar a tu sumiso al borde mismo del clímax y, una vez llegado allí, negarle momentáneamente el alivio de la eyaculación, es una forma magnífica de castigo. Te suplicará. Se pondrá a tus pies. Seguramente te dirá que desea correrse; que, por favor, se lo permitas. Juega con esa necesidad de alivio para castigarle. Prolongarás el juego y el placer se hará más intenso.

El modo de llegar al orgasmo puede variar. Le puedes permitir que se masturbe. O puedes masturbarle tú misma, con la mano. También puedes masturbarle con los pies (bien lubricados). O puedes hacerle una buena cubana, colocar su pene entre tus pechos y que estos proporcionen a la polla erecta de tu sumiso el meneo que necesita para estallar. También podéis tener relaciones sexuales más completas. O podéis decidir no llegar al orgasmo. Podéis hacer lo que decidáis. Al fin y al cabo, es vuestra fantasía. Sólo a vosotros debéis rendir cuentas.


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