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Disfraces y ambiente BDSM

El asistente de la Reina, ese sirviente que sirve para todo, desde fregar los suelos a dar un homenaje oral a su Ama, es una imagen muy excitante para cualquier dominante. Si este asistente, además, aparece completamente feminizado, el impacto visual de la representación de esta fantasía y la satisfacción que puede crear en Dominantes y Sumisos pueden ser extraordinarios.

Qué duda cabe de que la satisfacción del Ama puede ser muy grande. ¿Qué persona no lo haría al disfrutar de ama de llaves, doncella y juguete sexual a un tiempo? Esta fantasía erótica, además, ofrece un amplio abanico de posibilidades de juego. La Reina puede ser terriblemente punitiva, sí; pero también muy afectuosa y maternal. Y ambos extremos caben en la misma escena. Por eso esta fantasía se ubica en el centro de todos los arquetipos de fantasía. El sumiso puede ser infantilizado, feminizado, convertido en aprendiz, esclavizado, etc.

En esta fantasía erótica juega un papel primordial el disfraz, el escenario y los complementos que se utilicen para ambientar la historia. En otras fantasías eróticas de dominio y sumisión se puede escatimar en gastos, en ésta es preferible añadir un poquito del lujo y del boato que merece una Reina. Ésta debe mostrar especial gusto a la hora de escoger su ropa interior. Ésta debe causar especial impacto en un sumiso cuya manera de vestir será muy importante. Un buen uniforme, una cofia o un fantástico delantal que deje ver una provocativa ropa interior en la que jueguen un papel determinante los corsés o las bragas en su tarea de feminizar al sumiso para que éste pueda sentirse convenientemente humillado serán complementos perfectos para la representación de esta fantasía.

En ella adquirirá una gran importancia, también, la ambientación general del lugar en que se represente. Decorar una habitación con gusto puede ser de gran ayuda para dar a la escena el glamour monárquico que se merece. Imitar el estilo victoriano es lo ideal. También puede servir el comprar una bandeja de mimbre para servir el desayuno en la cama. Lo que se debe perseguir debe ser mostrar un mundo voluptuosamente carnal.

Actos propios de la fantasía de la Reina

La secuencia de comandos que forme la fantasía dependerá, en gran medida, de las necesidades del sumiso. Resulta complejo preguntar a un sumiso cuáles son sus necesidades. Lo mejor es dejarse guiar por la experiencia y por las historias que se conocen de este estereotipo de fantasía erótica de dominio y sumisión. Fijándose en ambas cosas, puede descubrirse que las necesidades del sirviente de la Reina pasan por una relativa feminización, un continuo servir a su Reina y satisfacerla en todas sus necesidades (incluso en las más íntimas y en aquellas que hacen referencia a lo exclusivamente sexual) y una absoluta necesidad de ser dominado.

Para que esto se cumpla puede ser de gran utilidad conocer cuáles son las tareas del hogar que más detesta el sumiso. Puede ser el lavar a mano la ropa de la Reina (sobre todo la ropa interior). O puede ser coser y remendar, o limpiar los baños. Todas esas tareas pueden ser ordenadas por una Reina y también hacer y servir aperitivos, el té o el desayuno en la cama. El dar masajes, tratamientos faciales, manicuras, pedicuras o baños de pie; cepillar el cabello, bañar, depilar, ayudar a vestirse... todos esos servicios caben en esta fantasía erótica de dominio y sumisión.

En una representación de la fantasía erótica de la Reina no es necesario incluir todas las anteriores acciones. Basta con escoger un par de ellas y combinarlas con algún tipo de tormento para construir una excitante representación de dominio y sumisión.

¿Qué tormentos pueden ser ésos? A la fantasía erótica de la Reina le va bien desde una sesión de bondage y CBT hasta un intenso interrogatorio que obligue al sumiso a hablar de su historial sexual, sus gustos y fantasías, sus prácticas y sus experiencias más humillantes. También caben en este arquetipo de fantasía erótica de dominio y sumisión la humillación verbal y las nalgadas, latigazos y otro tipo de humillaciones físicas.

El Ama-Reina debe, en esta fantasía de dominio y sumisión, no sólo controlar las acciones del sumiso. También debe controlar sus pensamientos y sus sentimientos. Forzar al sumiso a una confesión es una de las acciones propias de una Reina. Gracias a esa confesión ella podrá saber si el sumiso, por ejemplo, se masturba. O si mantiene encuentros secretos. O si, de un modo u otro, viola la ley. Esta confesión debe obtenerse empleando una serie de técnicas específicas. Una de ellas puede consistir en colocar al sumiso en una posición física humillante (de rodillas, por ejemplo). Otra, en el tormento físico. Aquí juega un papel predominante el CBT, el látigo, la abrazadera de pezón, etc. La tortura siempre ha sido, después de todo, un medio eficaz para obtener confesiones. Lo verdaderamente importante es mantener la presión física y psicológica sobre el sumiso durante todo el interrogatorio.

Una buena manera de especificar la humillación del sumiso es que éste repita lo que se conoce como el mantra del sumiso. El mantra (esa especie de frase que el sumiso deberá repetir machaconamente en las fases más intensas de la escena) debe ser dictado por la Reina. Es ella la que debe decir qué frase de sumisión/adoración debe pronunciar el sumiso. Buscar lo que más avergüence al sumiso es fundamental para conseguir que el mantra tenga éxito.

La Reina es libre de escoger los castigos y los motivos que los originen. Puede ser un servicio no realizado correctamente por parte del sumiso, una habitación no correctamente limpia, un mal gesto... Cualquiera de estas acciones merece un castigo. Tras él, habrá llegado la hora de permitirle una satisfacción. Ésta puede ser masturbarse tocando la ropa interior de la Reina o hacerlo mientras se ofrece a ella un intenso cunnilingus. Esta última opción, seguramente, dejará muy satisfechos tanto al Ama como al sumiso.