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Sumisión absoluta

Tras el castigo, es posible que, como Ama, desees enviar a tu sumiso a un rincón y que le ordenes que permanezca allí, desnudo, pensando en todos los pecados que ha cometido y que le han hecho merecedor del castigo que le has proporcionado. En ningún caso debes permitir que se acaricie la zona castigada. Si intentara hacerlo, oblígale a que adopte una posición de sumisión absoluta. Que lo haga mediante el uso de la súplica de perdón o con actitud corporal humillada. O con una combinación de ambas. Pero que lo haga.

Si habéis escenificado una escena en la que tu sumiso es esclavo de una Amazona o de una Diosa, puedes obligarle a permanecer en la actitud de esclavitud absoluta o a que realice algún tipo de ritual de culto al cuerpo. Ese culto a tu cuerpo puede consistir, ¿por qué no?, en un magnífico cunnilingus. Seguro que la escena que habéis representado te ha excitado y que estás deseando que una lengua hábil y obediente aplaque las húmedas y ardientes ansias de tu coño.

Si tu sumiso ha aceptado su castigo y ha cumplido correctamente con todas las tareas que le has encomendado (sí, la de comerte el coño también) entonces puedes permitir que, finalmente, gracias a tu intervención o a su propia masturbación, alcance el orgasmo.

Dosificando sabiamente el dolor

Uno de los problemas que puede surgirle al Ama es que, alardeando de sus méritos, vanagloriándose de las lágrimas que ha hecho verter al sumiso, no se dé cuenta de que ese mismo sumiso ha dejado de disfrutar desde hace tiempo del castigo. Que el sumiso no haya usado el safeword en ese instante en que ha dejado de disfrutar no siempre es debido a un olvido o a que ese cese del disfrute no sea cierto. En ocasiones (y esto la Dómina siempre debe tenerlo muy presente) el sumiso no ha usado el safeword por una única y simple razón: porque no ha podido hacerlo. Quizás la frustración, la rabia o el sentimiento de culpa se lo han impedido. Quizás cree que es un blando y, guiado por una rebeldía contra sí mismo, en un acto de chulería, va más allá de lo conveniente. Quizás el soportar un dolor que no debería soportar y rehusar el uso del safeword es sólo una cuestión de orgullo o una actitud de rebeldía ante la Dómina. Quién sabe. La psicología humana es tan complicada…

Las preguntas que debe hacerse todo Ama responsable son, entre otras, las siguientes: ¿cómo puedo mantener una estricta disciplina sin causar un grave castigo al sumiso?, ¿cuál es la diferencia entre una nalgada erótica y una nalgada disciplinaria?, ¿cómo puedo saber cuándo un determinado castigo es suficiente?

La Psicología del castigo

Cuando se está desarrollando la escena de castigo, la parte sumisa sabe perfectamente quién es la autoridad. Durante el desarrollo de la disciplina, el sumiso sabe quién se encuentra al mando y a quién le toca obedecer. Pero aún en ese momento, cuando el sumiso, entregado al castigo, asume tu autoridad, debes tener en cuenta algo fundamental: que el dolor nunca debe ser el elemento esencial de tu dominio. El uso adecuado de los factores psicológicos de los que, como Dómina, puedes servirte, tienen que ser (de hecho lo son) más útiles que la más severa de las palizas.

Una Ama experimentada y sabia aprovechará estos factores psicológicos para intensificar y concentrar el dolor que verdaderamente no se causa. Después de todo, el castigo debe haberse pactado con el sumiso. Es, de hecho, ese sumiso quien ha elegido el castigo que pagará por sus culpas una vez iniciada la escena.

El Ama, usando sus dotes psicológicas, debe intuir con qué fantasías eróticas disfruta más el sumiso, saber lo que más le incomoda o molesta y, por supuesto, qué tipo de castigo puede ser más efectivo sobre él.

Recordarle tu poder mediante la humillación, mediante la postura que hagas adoptar a tu sumiso, mediante la ropa utilizada por uno y otro o mediante las palabras de desprecio que le dediques son instrumentos de los que debes servirte para establecer y estimular tu autoridad.

Nalgadas eróticas versus nalgadas de disciplina

Este tema es enmarañado y polémico. En los juegos de disciplina, la nalgada debe tener una motivación y un origen casi de guión. Es el desarrollo de la historia el que pide ese tipo de disciplina. Pero la nalgada tiene un componente erótico muy marcado. Diferenciar entre un tipo de nalgada y otra puede resultarte crucial a la hora de saber cómo tratar a tu sumiso.

La nalgada disciplinaria no debe excitar a tu sumiso. La nalgada excitadora es fundamentalmente erótica. La nalgada de la disciplina no debe suponer la erección del sumiso. Ya le llegará, si obedece correctamente, el momento del placer, la erección y el orgasmo. Ahora le toca sufrir un castigo. Quizás por eso, para evitar que la nalgada disciplinaria se confunda con la erótica, algunas Amas eligen aplicar la nalgada disciplinaria cuando ya el sumiso ha tenido un orgasmo. Actuando de ese modo, la Dómina elimina cualquier elemento erótico de la sanción.

Las nalgadas disciplinarias tienen que ser muy intensas, al menos psicológicamente. En ocasiones, el uso de la fuerza en las nalgadas es, ciertamente, abrumador. Se golpea con fuerza. Con mucha fuerza. En especial cuando la pareja ya lleva mucha experiencia de juegos de dominio a sus espaldas y, por tanto, conocen ya muy claramente tanto la fisiología del castigo como los propios límites de su juego. Este no es un juego para novatos. La experiencia en las nalgadas es, también, un grado. O varios. Y el uso de la psicología en su uso es, también, fundamental para hacerlas efectivas y útiles.


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