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La tutora del joven díscolo

La fantasía erótica de la institutriz es, entre las fantasías de dominación femenina, una de las más habituales. El éxito de la escenificación de esta fantasía depende fundamentalmente de la capacidad del Ama para mantener su autoridad y para imponer sus castigos.

Los encantos de la fantasía erótica de la institutriz son difícilmente explicables a todas aquellas personas que no sean devotas seguidoras de los juegos de dominio y sumisión. ¿Por qué alguien puede desear ser azotado? Ésa es la pregunta que las personas que no participan de estos juegos suelen realizar. Y a esa pregunta le sigue la siguiente: ¿no duele? Lógicamente, sí duele, pero hay personas que encuentran en la previsión, la recepción y las consecuencias del castigo una secuencia de hechos intensamente eróticos. Es más: las personas que disfrutan de este tipo de sexualidad es probable que no puedan disfrutar de las relaciones sexuales vainilla. Si eres pareja de una de estas personas debes plantearte si eres capaz de satisfacer sus necesidades. Para hacerlo deberás convertirte en un Ama suficientemente hábil y que conozca todos los trucos para imponer su voluntad. Si no eres capaz de convertirte en ese personaje, mejor que te replantees la relación con tu pareja. Un sumiso vocacional aceptará difícilmente una relación en la que no sea sometido.

Elementos de la fantasía de la institutriz

La fantasía erótica de la institutriz puede tener variaciones pero el drama central siempre es el mismo: el estudiante rompe una norma, es castigado por ella y, al ser castigado, se arrepiente. Esta estructura básica no debe limitar la creatividad a la hora de planificar las escenas. Hay decenas de formas por las que un hombre puede ser castigado por una mujer con deseo de dominio y una paleta en la mano.

Para escenificar la fantasía erótica de la institutriz se puede recurrir a todo tipo de disfraces. Sin embargo, la mayor parte de las fantasías del arquetipo de la institutriz no requieren excesivos complementos de disfraz, aunque éste, lógicamente, añade siempre un punto extra de diversión al juego. Puede ser un disfraz de colegial para el sumiso o, incluso, de colegiala. La feminización puede añadir un plus de humillación que puede ser muy valorada por el sumiso.

Para ambientar la escenificación de la fantasía erótica de la institutriz puede ser muy adecuado disponer de un espacio que, en cierto modo, pueda recordar a un aula. Un escritorio y una pizarra pueden ser idóneos para este fin. El escritorio (o mesa) puede servir para inclinar sobre él al sumiso cuando tenga que recibir el castigo de nalgadas. Para propinar este castigo puede ir bien tener un cepillito de madera resistente, una correa de cuero flexible o una buena pala. Fustas, abedules y gatos de nueve colas pueden utilizarse también, aunque quizás estos instrumentos sean más apropiados para escenificar otro tipo de fantasías eróticas.

Las habilidades de una institutriz

El Ama-Institutriz debe saber, ante todo, manejar convenientemente los implementos de castigo, en especial cuando estos implementos son estrechos y flexibles como sucede con la caña o con la ramita de abedul.

Para aplicar el castigo, los golpes iniciales no pueden ser excesivamente fuertes. Un inicio demasiado brusco y doloroso puede romperse el hechizo del juego. El enrojecimiento de las nalgas ya es doloroso de por sí. Hay que procurar no dejar cicatrices ni hacer heridas. Hay que tener presente que toda herida sangrante puede provocar, tarde o temprano, una infección.

Como toda Ama, el Ama-Institutriz debe saber combinar el castigo meramente físico con un castigo de carácter más psicológico en el que intervenga el miedo, la anticipación del dolor, la angustia, etc.

A este tipo de castigo pueden añadirse una serie de penas adicionales: estar castigado de rodillas, de cara a la pared; escribir cien veces “no volveré a...”, etc.

Lo importante del castigo es que cumpla su función, y su función es conseguir que el colegial-sumiso consiga lo que busca: ese sentido místico que se oculta tras su pérdida de la voluntad y la difuminación de su personalidad. Para llegar a esa especie de nirvana, el colegial-sumiso debe pasar por una serie de reacciones y sentimientos cambiantes. El sumiso experimentará una emoción que se nutre de ansiedad y excitación sexual, pero también experimentará dolor físico, ira (que posiblemente le conduzca a la rebelión), paz... Las distintas fases de la escena estarán dominadas, cada una de ellas, por una de estas sensaciones.

La anticipación de la azotaina resulta muy estimulante, por eso es buena táctica prolongar esa fase del juego. Todo lo que sea mantener la tensión repercute positivamente a la hora de conseguir que el sumiso llegue al éxtasis. Para prolongar esa fase se puede utilizar trucos como multiplicar los regaños, describir los azotes que van a propinarse, anunciar cuánto falta para que se produzcan, etc.

Una vez que se inicie el castigo, puede suceder que el sumiso inicie un conato de rebelión. El Ama de la fantasía erótica de la institutriz debe poner fin a ese conato de inmediato. El sumiso no puede, en caso alguno, salirse con la suya. Redoblar el castigo, atar las manos del sumiso o colocarlo en una situación más humillante pueden ser buenas tretas para acabar con la rebelión.

Cuando el castigo haya terminado, el sumiso debe besar el instrumento corrector que se ha empleado para castigarlo. Si lo desea, el Ama puede dejar momentáneamente solo al sumiso para que éste se masturbe. Quizás ya haya eyaculado durante el castigo. Si lo ha hecho, la eyaculación es la señal que indica al Ama que debe poner fin al castigo.

La excitación sexual no es una condición imperativa. Hay sumisos que no se excitan, que no la necesitan, que se sienten absolutamente satisfechos y reconfortados al experimentar todo ese cambio de sensaciones y sentimientos de los que hemos hablado.


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