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El trampling (término anglófono derivado del verbo “trample”, que podría traducirse por algo así como “caminar sobre alguien”) es una práctica BDSM consistente en pisar o caminar por encima de un sumiso, con o sin calzado. Este tipo de práctica BDSM es especialmente querida por los fetichistas del pie y encaja perfectamente en los juegos de Dominación y sumisión, especialmente en aquellos en los que una Ama desea humillar su sumiso. Al revés (que sea un Amo quien camine sobre una sumisa) es más difícil de encontrar, ya que, por cuestiones físicas (el hombre acostumbra a pesar mucho más que la mujer), puede resultar más peligroso.

La práctica del trampling, como la de tantas otras propias del universo BDSM, debe realizarse con extremo cuidado, en especial si la persona Dominante va calzada. Para empezar, a los sumisos o sumisos que se están iniciando en la práctica del trampling se les recomienda siempre que, en sus primeras prácticas, opten porque la parte Dominante vaya descalza. Los más experimentados y atrevidos, por su parte, ansiarán que su Ama vaya calzada con unos elegantes y provocativos zapatos de tacón de aguja. En este caso, las prevenciones deben ser extremas. No en vano, un tacón de aguja puede, con extrema facilidad, perforar la piel y dañar algún órgano interno y vital. Saber dónde se pisa y mantener el equilibrio es, en estos casos, fundamental para evitar un percance.

Consejos para practicar el trampling

Así, para practicar el trampling hay que tener en cuenta los siguientes consejos:

  • No se deben practicar equilibrios encima del cuerpo. Para evitarlo, lo mejor es colocarse cerca de un punto de apoyo estable. Ese punto de apoyo estable puede ser, perfectamente, una pared. Apoyándose en ella, el Ama no deberá realizar movimientos extraños para mantener el equilibrio.
  • Si se usa zapato de tacón, hay que intentar apoyarse al máximo sobre la punta de los pies para, así, no hacer excesiva fuerza con el talón ni dejar caer sobre él el 100% del peso.
  • Pisar preferentemente sobre zonas “duras”, es decir, sobre huesos y zonas resistentes como puede ser la columna, las piernas o, haciéndolo con mucho cuidado, sobre las costillas. Pisar sobre zonas blandas como las que cubren el hígado, el bazo o los genitales es muy peligroso. Por eso es mejor evitarlo o, en su caso, pisar con extremo cuidado.
  • No hacer movimientos ni giros bruscos. Los movimientos deben hacerse con seguridad y determinación, sabiendo en todo momento dónde y cómo se pisa.

Siguiendo estos consejos, y experimentando poco a poco, el trampling no tiene porqué resultar peligroso. Eso sí: no puede practicarse a la ligera y hay que asumir que, si se practica el trampling con tacones, lo más habitual es que aparezca en el cuerpo del sumiso algún moratón o algún rasguño.

Quien vaya a iniciarse como sumiso en la práctica del trampling debe buscar a una Ama o persona Dominante en la cual confíe y que, a su vez, tenga la suficiente experiencia como para poder llevar a cabo la práctica sin que los riesgos que se tengan que correr durante la misma sean más grandes de lo necesario.

La práctica del trampling, al igual que todas las prácticas BDSM, debe realizarse sin mezclar en momento alguno con las mismas (y sin haber consumido) drogas ni alcohol. El alcohol y las drogas son, como ya hemos indicado en algún artículo de nuestra web, grandes enemigos de la práctica segura del BDSM. Y, no lo olvidemos, uno de los factores imprescindibles que deben cumplirse para que el BDSM sea precisamente eso, BDSM, y no una especie de juego de la ruleta rusa trufado de erotismo, es el de la seguridad. El BDSM o es seguro o no lo es.

Puntos de apoyo para practicar el trampling

En el caso del trampling, esa seguridad debe incrementarse, tal y como hemos apuntado antes, utilizando puntos de apoyo que ayuden tanto a mantener el equilibrio como a evitar movimientos bruscos y faltas de equilibrio. ¿Qué puntos de apoyo pueden ser ésos? Alguno de los que a continuación apuntamos:

  • Apoyarse, tal y como hemos indicado, en alguna pared.
  • Sentarse en una y apoyar solo los pies en el cuerpo del sumiso pero sin hacer recaer sobre él todo el peso del cuerpo. Practicando así el trampling, la parte Dominante podrá presionar con mayor intensidad solamente aquellas partes sobre las que en verdad desee presionar y reducirá notablemente la posibilidad de que, por accidente, presione en otra no deseada.
  • Colocar unas barras laterales o unas que cuelguen del techo para sujetarse a ellas y mantener el equilibrio. Estas barras, al mismo tiempo, ayudan a la parte Dominante a controlar la fuerza que se ejerce sobre el sumiso pues, al agarrarse a ellas, no se deja caer completamente el peso sobre él.

Si, pese a usar estos puntos de apoyo para practicar el trampling, la parte Dominante no se ve revestida de la suficiente seguridad como para caminar con los dos pies por encima de la parte sumisa, puede optar por usar solo un pie para pisar a ésta y hacer presión sobre aquellas partes de su organismo que lo desee.

A la vista de todos estos consejos que te hemos dado, y aplicando siempre y en todo momento el sentido común, ¿te animas a practicar el trampling?


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