Sexo duro

Agarrar por el pelo, dejar un arañazo en la espalda, abofetear la cara con la intensidad suficiente como para dejarla roja, propinar una buena tanda de azotes en las nalgas, insultar mientras se dan órdenes de inequívoco contenido sexual… todos estos actos tienen cabida en un encuentro de sexo duro. Casi todos ellos hacen referencia a la utilización de recursos físicos para tomar el control de la pareja. Casi todos ellos hablan del uso de la fuerza física para doblegar la voluntad del amante. Pero no se pueden obviar los elementos psicológicos que intervienen en un encuentro erótico de este tipo. Unos y otros, elementos físicos y elementos psíquicos, se combinan para explorar los sentimientos de miedo y sometimiento de la persona sumisa.

Muchas personas llaman a este tipo de relación sexual “sexo duro” o «sexo violento«. Al dar ese nombre a este tipo de prácticas, estas personas pretenden diferenciarlas de aquéllas que parecen más propias del BDSM. En una y otra existen o pueden existir nalgadas, ojos vendados, actitudes de servidumbre, ataduras, agarrones, tirones de pelo, escupitajos, arañazos, manotazos, empujones, bofetadas… ¿Dónde existe, pues, la diferencia entre lo que es sexo duro y lo que es una práctica BDSM? Seguramente, en el carácter de ritual que acostumbra a asociarse a la imagen del BDSM. Éste puede parecer más llamativo visualmente, más teatral. El sexo duro, por su parte, parecería algo menos cerebral, algo que, de alguna manera, fuera el reflejo de la parte más animal de la personalidad humana.

Negociación y consentimiento

Para otras personas, sin embargo, sexo duro y BDSM son lo mismo. A nuestro entender, no importa tanto las diferencias entre uno y otro como lo que les iguala, esa serie de factores que nunca deberían faltar en ninguno de los dos. Esos factores son el consentimiento, la comunicación, la negociación, la educación y la seguridad. Una relación sexual sin consentimiento por parte de alguna de las partes implicadas no es una relación sexual, es una violación. El consentimiento debe existir y ese consentimiento de las prácticas que van a realizarse debe producirse tras un tiempo de negociación.

En la negociación entre los miembros de una pareja para indicar qué prácticas van a realizarse y qué prácticas no debe imperar la sinceridad. Cada uno de los miembros de la pareja debe decir a su pareja qué espera encontrar en la relación erótica y qué le gustaría hacer durante el mantenimiento de la misma.

Ese señalamiento de las prácticas a realizar, de su intensidad y de su contenido exacto debe ser lo más concreto y específico posible. Por ejemplo: una persona puede admitir ser abofeteada pero sólo en determinadas partes de su cuerpo. A esa persona puede atraerle mucho una buena sesión de cachetes en el culo y, por el contrario, puede rechazar cualquier tipo de bofetada, por floja que sea, en su rostro. O puede admitir ser escupida sólo en algunas zonas de su cuerpo. O puede gustarle ser agarrada por el pelo, pero sólo de una determinada manera.

Aprendizaje y seguridad

Por otro lado, la aceptación de cierto tipo de prácticas no implica que estas prácticas puedan ser realizadas de cualquier manera. Es importante adquirir una serie de habilidades antes de practicar sexo duro. Hay que aprender las técnicas adecuadas para realizarlo. Por ejemplo, si deseas tirar del pelo a tu pareja, es importante saber cómo hacerlo. No causa el mismo dolor cuando se tira desde la base del cuero cabelludo que cuando se tira del extremo del pelo.

Algo que hay que tener presente cuando se ha de propinar una bofetada es que, mientras se da la bofetada hay que sujetar la cabeza con la otra mano para impedir que, al dar el golpe, pueda producirse algún tipo de latigazo cervical.

Si, al practicas sexo duro se realizan nalgadas y azotes hay que buscar las zonas carnosas como nalgas, muslos o la parte superior de la espalda; y evitar en todo momento articulaciones, huesos o aquellas zonas en que existas órganos internos especialmente sensibles. Para ello es fundamental tener unas nociones mínimas de anatomía y saber qué partes corporales hay que evitar para evitar problemas.

Si se realizan arañazos o rascadas hay que dejar bien claros los límites de dichas acciones antes de que éstas se realicen. ¿Debe marcarse solamente? ¿Puede llegarse al sangrado? Éstas son preguntas que deben contestarse en la negociación previa a la práctica de sexo duro y que deben quedar aclaradas antes de dar el consentimiento.

Lo mismo debe suceder si se van a producir otro tipo de impactos como pueden ser golpes, puñetazos o patadas. Este tipo de golpes pueden tener su espacio en una relación de sexo duro o en alguna práctica BDSM pero es importante que se realicen siempre utilizando la técnica correcta. Investigar si en la zona en la que se vive se realizan cursos o se convocan eventos en los que se enseñe a realizar correctamente este tipo de golpes es fundamental para garantizarse una mínima seguridad.