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Maschalagnia. Ése es el nombre de un fetichismo que consiste en sentir por las axilas femeninas esa atracción que caracteriza a todo fetichismo y que, como todos los fetichismos, tiene la virtud de epatar a quien no lo comparte y de estimular la libido a aquél que sí lo hace.

La maschalagnia estaría incluida en el grupo de los parcialismos, es decir, en aquellos fetichismos que se caracterizan por centrar el interés sexual exclusivamente en una parte concreta del cuerpo que no son los genitales. De la misma manera que hay personas que centran su interés sexual o sienten su libido especialmente estimulada cuando piensan, contemplan o tocan de un modo u otro un ombligo, una nariz, unas manos, unos pies, unos pechos o unas nalgas, las hay que experimentan el fetichismo de la axila.

Al igual que sucede con otros fetichismos, los fetichistas de la axila no experimentan del mismo modo su maschalagnia. Hay muchos grados y hay muchas formas de vivirla. Lo habitual, dentro de este grupo de fetichistas, es que la axila femenina adorada sea una axila blanca y depilada. Pero eso no quiere decir que ese tipo de axila sea la deseada por todos y la que excita a todos los fetichistas de la axila. Los hay que se pirran por los sobacos en los que está apareciendo el vello, los hay que valoran especialmente las axilas perladas de sudor y los hay que se sienten traspasados por un aguijonazo de deseo cuando se enfrentan a la visión de un sobaco femenino completamente cubierto de vello.

Hay autores que apuntan a que la maschalagnia es un fetichismo en ascenso. Los anuncios de desodorante de las marcas más prestigiosas parecen plasmar y reforzar esa atención creciente por los sobacos. Esas marcas resaltan en sus anuncios que sus productos permiten lucir las axilas sin irritación, cuidar su piel y, en algunos casos, aclararlas. Si eso es así, sostienen quienes se han dedicado al análisis o, en mayor o menor grado, comparten dicho fetiche, es porque las grandes marcas saben, gracias a sus estudios de mercado, que cada vez son más las personas que contemplan la axila como una parte excitante del cuerpo.

Al analizar la maschalagnia y el comportamiento de los fetichistas de la axila ante la contemplación de ésta hay que tener presente en todo momento que la axila es una parte especialmente sensible del cuerpo. Es decir: es una zona erógena.

La importancia del vello

Al hablar de la axila y analizar el que algunas personas hayan hecho de ella un fetiche no hay que olvidarse de que es también una zona corporal con connotaciones que guardan muy íntima relación con el estereotipo que se ha ido creando culturalmente sobre cuál es la imagen ideal que deben proyectar el hombre y la mujer para reafirmar, respectivamente, su masculinidad y su feminidad. Así, del mismo modo que del hombre “macho” se ha creado la imagen de un hombre de pelo en pecho y con vello en la axila (aunque la llegada de lo que llamó como metrosexual ha servido para suavizar un poco y relativizar esa imagen); a la mujer “femenina” se la ha asociado siempre, visualmente, con la mujer que lleva las axilas perfectamente depiladas. Por eso muchas mujeres para reclamar su derecho a lucir la imagen que ellas deseen sin tener que ajustarse a lo que los estereotipos exijan de ellas, toman la decisión de dejarse crecer el vello axilar y de exhibirlo como un acto de rebeldía. Basta sumergirse un poco en internet para encontrar actrices, cantantes y VIPS diversas que, en algún momento de su vida, han decidido mostrar el vello de sus axilas y convertir ese vello en una bandera alzada contra el mundo.

Cuando se habla de maschalagnia y se intenta dar una explicación al fetichismo de las axilas hay que tener también presente lo que apuntan algunos estudios sobre la importancia que tiene el sentido del olfato en el proceso de la excitación sexual. Del mismo modo que los estímulos visuales y táctiles intervienen en dicho proceso lo hacen los estímulos olfativos. Hay olores que estimulan y excitan especialmente y, según se desprende de un estudio realizado por la investigadora alemana Ingelore Ennerfeld en una universidad americana, el olor axilar es uno de ellos. Dentro de un límite, el olor a sobaco nos devuelve a la pura animalidad, a ese punto en el que el instinto predomina sobre el raciocinio y en el que nos dejamos ir llevados por el deseo. Esto explicaría que muchos fetichistas de la axila encuentran especial satisfacción en el hecho de olerlas.

Finalmente, al hablar de los grados de la maschalagnia no hay que olvidar a aquellos fetichistas del sobaco que encuentran en la masturbación con la axila el súmmum del placer sexual. La mayor parte de los amantes de este tipo de masturbación (que recibe el nombre de axilismo) prefieren hacerlo con axilas velludas. ¿Por qué? Porque ese vello les recuerda, en cierto modo, el vello que la mujer tiene en su zona púbica.


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