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Una atadura para locos... del bondage

Todo amante del cine de intriga recuerda la imagen. El magnífico Anthony Hopkins, interpretando al sociópata Hannibal Lecter, está sentado en una silla, con una especie de bozal e inmovilizado por una serie de correas y una especie de ropaje que le impedía mover los brazos, que quedaban cruzados delante de su vientre. Esos ropajes inmovilizadores son lo que se conocen con el nombre de camisa de fuerza.

La camisa de fuerza, como prenda especialmente diseñada para inmovilizar los brazos de una persona, se ha usado a lo largo de la historia para mantener bajo control o inmovilizar a personas que, por un motivo u otro, pudieran mostrarse violentas. Personas con problemas psiquiátricos o reos condenados por su actitud violenta han sido inmovilizados históricamente gracias al uso de la camisa de fuerza. Los amantes de la inmovilización como práctica erótica han podido encontrar en la camisa de fuerza un fantástico instrumento destinado a proporcionar un poco de picante a sus escenas bondage o de inmovilización.

La camisa de fuerza está siempre elaborada con algún tipo de tela fuerte. Abierta por detrás, la camisa de fuerza acostumbra a cerrarse, por detrás, con cinchos y hebillas. Las costuras de la camisa de fuerza suelen estar reforzadas con piel (para impedir su ruptura).

Una de las principales características de la camisa de fuerza, y lo que la convierte en un fantástico sistema de inmovilización, son sus mangas, extremadamente largas y cosidas en los extremos para entorpecer el uso de las manos. Una vez colocada la camisa de fuerza, las mangas se atan por la espalda. Atadas así, los brazos quedan, inmovilizados, y cruzados sobre el pecho.

La mayor parte de las camisas de fuerza, además, tienen una correa que pasa por la zona de la entrepierna. Esta correa impide que el inmovilizado tire de la camisa de fuerza hacia arriba y pueda liberarse como un Harry Houdini cualquiera. Este famoso escapista húngaro se convirtió en todo un mito a principios del siglo XX. Colgado boca abajo, Houdini era capaz de liberarse de cualquier tipo de ataduras, entre ellas, por supuesto, la de la camisa de fuerza. Hay imágenes que lo demuestran:

La camisa de fuerza fue utilizada durante todo el siglo XIX y buena parte del XX en psiquiatría. Fue hacia finales del siglo XVIII, concretamente en 1790, cuando Guilleret, un tapicero francés, inventó la camisa de fuerza. Gracias a la camisa de fuerza se impedía que el paciente dañase a los demás o se autolesionara. Gracias a ella, además, disminuía la inhumanidad de los anteriores sistemas de inmovilización empleados en los frenopáticos. Anteriormente se les encadenaba al suelo. La llegada de los psicofármacos y el desarrollo de la psicoterapia hizo que la camisa de fuerza empezara a ser erradicada como sistema de contención e inmovilización en los centros psiquiátricos.

En la actualidad, las camisas de fuerza no se utilizan, pero los amantes del bondage y del fetish pueden encontrar unas muy sexys camisas de fuerza que, realizadas con tela recubierta de goma, pueden servir para escenificar magníficas fantasías de dominio y sumisión.


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