Posturas bondage

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Posturas dominantes

Extendido con los brazos en cruz, atado en decúbito supino a una otomana, sentado y atado a una silla o inmovilizado con cuerdas y suspendido del techo con los brazos sobre la cabeza… Éstas son algunas de las posturas más comunes del bondage. Pero el juego BDSM avanza y, las parejas que ya llevan un cierto recorrido en la práctica de los juegos BDSM pueden querer experimentar con posturas más físicas y dramáticas.

A continuación vamos a proponer una serie de posturas bondage que pueden resultar muy útiles para conseguir nuevas sensaciones eróticas. Tanto en el caso de estas posturas como de otras más comunes y tradicionales, la incorporación de flagelos y otros instrumentos de tortura erótica (palas, estimuladores eléctricos, pinzas para los pezones, utensilios para jugar al CBT…) pueden servir para buscar nuevos matices de placer o para intensificar las sensaciones ya sentidas.

  1. Postura bondage del sacrificio. Pese a su nombre desafortunado y un poco intimidante, la postura del sacrificio es una postura clásica de esclavitud. En ella, los brazos y piernas del sumiso están unidos, detrás de la espalda, con cuerdas que enlazan sus tobillos y muñecas. Esta postura bondage debe reservarse única y exclusivamente para personas muy flexibles. Las cuerdas deben estar atadas de modo que se garantice una sencilla liberación.
  2. Postura bondage del salto de la rana. Esta es una postura bondage muy lasciva. El sumiso está restringido adoptando la posición del perrito (es decir, a cuatro patas, con las nalgas al aire y la cara hundida en la cama). Las piernas pueden mantenerse separadas con una barra separadora y las muñecas, enlazadas con una cuerda o unas esposas. Esta postura bondage es una postura idónea para ejecutar los azotes, ya que permite el acceso directo a los glúteos. También facilita el juego y el sexo anal. En el caso de una relación heterosexual, esta postura erótica permita la entrada vaginal trasera, así como la realización de un fantástico e intenso cunnilingus.
  3. Postura bondage de los codos atados. Para lograr esta versátil postura bondage, el dominante tira de ambos brazos del sumiso detrás de su espalda y une sus codos. Los sumisos flexibles podrán unir sus codos tras su espalda. Para los más rígidos, esto resultará completamente imposible. El dominante debe, en todo caso, asegurar la comodidad del sumiso. Él, en vista de dicha comodidad y teniendo en cuenta, también, la efectividad de la atadura, determinará su mayor o menor holgura. También de él dependerá el uso de muñequeras o de esposas para asegurar esta atadura. Uno de los mayores efectos de esta atadura es que proyecta los pechos del sumiso o sumisa hacia fuera, es decir: ayuda a exhibirlos. Esto permitirá cosquillear las mamas o chupar y mordisquear pezones y areolas. El uso de geles estimulantes o de abrazaderas y pinzas de pezón puede hacerse, en este caso, excepcionalmente útiles.
  4. Postura bondage de la atadura de la rana. Esta postura bondage toma el nombre de la postura que adoptan las piernas del sumiso cuando se doblan y atan por tobillos y muslos: recuerdan a la forma de las ancas de una rana sentada. Una manera fácil de realizar esta postura bondage es sentar a la parte sumisa en la cama, doblar cada pierna y después envolver con una cuerda cada una de esas piernas para mantenerlas en dicha postura. ¿Qué se consigue con este tipo de atadura? En primer lugar, que los genitales estén especialmente expuestos. Dicha exposición permite una serie de actividades BDSM, incluyendo aquí los juegos de temperatura con juguetes de vidrio. Una manera idónea de reforzar el efecto de esta postura bondage es atar a la espalda las muñecas del sumiso o sumisa tanto con cuerdas como con muñequeras o esposas. El uso de vibradores rabbit o de otro tipo de juguetes eróticos para estimular clítoris o vagina puede ser muy apropiado para esta postura bondage. En el caso de que el sumiso sea un hombre, el uso de masturbadores o bombas de pene puede resultar muy excitante y dominador.
  5. Postura bondage de la atadura de las manos en la nuca. Una atadura sencilla ésta de atar las manos de la parte sumisa tras su cabeza. Una vez atadas entre ellas, y para evitar que las pase hacia delante, deberían inmovilizarse utilizando una cuerda que las atara a la cintura. Si el sumiso está sentado, cada una de las muñecas podría enlazarse a un tobillo. De este modo, las piernas quedarían también inmovilizadas y el sumiso expondría una amplia área de su cuerpo (desde las axilas hasta las caderas) para poder ser “torturado” a base de cosquillas, bien sean hechas con las manos, bien con cualquier otro tipo de instrumento erótico. Esta postura bondage ofrece la ventaja de crear en el sumiso una gran sensación de vulnerabilidad.

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