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Pinzas y BDSM

Nada mejor que unas buenas pinzas para realizar una buena sesión de tortura de pezones, de genitales (labios vaginales, escroto, clítoris, testículos o pene) y de otras partes del cuerpo. En los sexshops pueden conseguirse fantásticas pinzas de materiales diversos que ofrecen todas las garantías para reducir al mínimo la posibilidad de realizar alguna herida en la piel o en la carne del sumiso o sumisa, pero si no se dispone de pinzas especializadas también pueden utilizarse las típicas pinzas de colgar la ropa, preferiblemente de madera.

En cualquier caso, nuestra recomendación siempre será disponer del mejor material posible para conseguir aunar placer y seguridad, dos de los atributos que deberían caracterizar toda práctica BDSM. Para disponer de ese material inmejorable para vuestros juegos, nada mejor que acudir a un sexshop de confianza. Allí podrás encontrar diferentes tipos de pinzas:

  • Pinzas para colgar pesos.
  • Pinzas con tornillo. Estas pinzas permiten regular la presión que se ejerce.
  • Pinzas con vibración.
  • Tijeras pinzadoras de acero quirúrgico y recubiertas de goma.
  • Pinzas japonesas. Estas pinzas son las más modernas y también las más versátiles y sofisticadas. La presión que ejercen es fija pero varía proporcionalmente cuando se tira de ellas o cuando se le coloca algún tipo de peso.

Pinzas y seguridad

El uso de estas pinzas más seguras no exime de tener siempre en cuenta una serie de factores que pueden ser fundamentales a la hora de asegurar el éxito de una sesión BDSM.

El primero de esos factores es entender la particularidad de cada persona a la hora de enfrentarse a la estimulación o al dolor. El uso de unas pinzas puede resultar muy estimulante para una persona. Para otra, sin embargo, esas mismas pinzas pueden provocar un dolor difícil de soportar.

El segundo de los factores a tener en cuenta es entender que el uso de toda pinza supone siempre un mayor o menor corte de la circulación sanguínea. Por eso deben colocarse durante poco tiempo (apenas unos minutos) y asegurándose siempre de que no la colocamos sobre una zona corporal que entrañe demasiado riesgo (por ejemplo, una vena).

El tercer factor a tener en cuenta es cómo quitar las pinzas. Nunca lo hagas lentamente a no ser que desees causar un gran dolor a la persona que las lleva puestas. Hay que retirarlas con decisión, sin demorarse en exceso, y teniendo siempre presente que las pinzas duelen especialmente al ser quitadas.

Otra manera de disminuir al máximo el dolor causado por las pinzas es coger con ellas la mayor superficie de piel posible. Si la pinza coge poca cantidad de piel causa más dolor.

Antes de usar una pinza hay que asegurarse de que no posee ningún borde afilado.

Para asegurarse del efecto que una pinza puede tener sobre un sumiso nada mejor que probarla antes sobre uno mismo. Una buena zona para probar los efectos de la pinza es colocándola en ese trozo de piel que existe entre el dedo pulgar y el índice de la mano. Llevarla ahí puesta servirá también para comprobar cuánto tiempo aguantará el sumiso con la pinza colocada en los pezones. Ésa es, sin duda, una de las zonas más sensibles del cuerpo y una de las más explotadas en los juegos BDSM. Por eso son tantos los diferentes tipos de pinzas para pezón que pueden encontrarse en el mercado. Pinzas con cadena para enlazar pezones y labios vaginales, arneses con pinzas para pezones y muñequeras, pinzas para pezones y clítoris, pinzas para pezones con campanitas, pinzas con cockring, pinzas con sistema de electro-estimulación, pinzas con bocados… todos estos tipos de pinzas para pezón pueden encontrarse en los sexshops para satisfacer las expectativas de los jugadores BDSM más exigentes.

Sean de un tipo o de otro, lo que sí hay que tener siempre presente a la hora de pinzar un pezón es que pinzarlo directamente puede resultar muy doloroso. Por eso se aconseja pinzar la aureola. Pinzando de ese modo, el pezón queda colocado en el puente de la pinza y no sufre la presión directa y dolorosa de la misma.

Los genitales acostumbran a soportar durante más tiempo que los pezones la presencia y la acción de la pinza. Aquí, sin embargo, debe señalarse una excepción: el clítoris. Su especial sensibilidad hace que no sea excesivamente aconsejable pinzar esta zona tan delicada de la anatomía femenina. Un exceso de tiempo puede provocar la insensibilidad temporal o definitiva del clítoris. Esto, sin lugar a dudas, sería desastroso para la mujer, ya que su capacidad de sentir placer a través de la práctica sexual quedaría radicalmente reducida. Atendiendo a esto, y teniendo en cuenta que nuestro objetivo debe ser, siempre, perseguir el placer, nuestra principal recomendación en cuanto al uso de las pinzas es que se evite el utilizarla sobre el clítoris. Teniendo en cuenta las múltiples posibilidades de uso que se nos ofrecen, esto no debería suponer problema alguno.


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