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Ellos las prefieren gordas

Lo sabemos. Lo habitual es querer perder peso, librarse de las cartucheras, luchar contra la celulitis… Por eso son muchas las personas que buscan la dieta milagrosa, que se apuntan a un gimnasio, que se echan a la calle a hacer quilómetros y quilómetros a la carrera. Porque la delgadez vende. O, cuanto menos, cotiza más al alza que los kilitos de más o, directamente, el sobrepeso y la obesidad. Ni tripas, ni papadas ni muslos embutidos como por milagro. Vivimos en un tiempo de modelos que bordean la anorexia y de reinas que parecen sacadas de un catálogo del Venca.

Y, sin embargo, hay personas que se pirran por lo contrario. Para ellas, decir fitness es nombrar al Demonio y la palabra dieta suena en sus oídos como sinónimo de una especie de tortura. Estas personas de las que hablamos son las fanáticas del michelín y la grasa, de las lorzas y la talla XXL. Estas personas tienen un tipo peculiar de fetichismo: el feederismo.

El feederismo se podría definir como el gusto por comer y engordar o por dar de comer y engordar a otro. Hay fetichistas que pueden disfrutar engordando (y para ello realizan ingestas excesivas de alimentos mientras permanecen días sentados o tumbados) y fetichistas que pueden encontrar su satisfacción en engordar a otro. Incluso hay personas que pueden llegar a revestir el abdomen con ropa sólo para simular un mayor volumen.

Feeders y Feedees

En este tipo de fetichismo participan dos figuras: el que alimenta a su pareja (feeder) y el que, fijándose como objetivo el engordar sin límite, es alimentado (feedee). Éste último suele considerar que su forma física limita su vida sexual. Ése es el motivo que hace que muchas personas delgadas se lancen a esta práctica.

El amante del feederismo no desconoce los perjuicios para la salud que puede tener el engordar de ese modo. Un feedee sabe que el sobrepeso es malo para la salud, y conoce perfectamente los daños del colesterol y el riesgo cardiovascular que cierta manera de alimentarse puede acarrear, pero saber eso no impide que desee alimentarse de manera absolutamente exagerada. El placer que le produce engordar es superior a la preocupación que le pueda producir sabe los riesgos que acarrea esa forma de alimentación.

Al amante de este fetiche le apasiona, por ejemplo, coger sus michelines y subírselos. La distensión abdominal o bloating es uno de los objetivos a perseguir por este tipo de fetichistas. Para alcanzar el bloating, el feedee acostumbra a ingerir masivamente tanto comida como líquidos.

Los amantes del feederismo tienen algunos puntos de encuentros virtuales en el que pueden narrar y compartir sus experiencias, colgar sus fotografías, etc. Una de las webs más populares del universo feeder es Fantasy Feeder. Esta web incluye también, más allá del foro de feeders y feedees, un apartado dedicado al sadomasoquismo.

Algunos autores han intentado analizar este tipo de fetichismo. Entre ellos, hay autores, como Mary Eberstadt, que han hablado en algún ensayo de cómo el acto de comer ha quedado asociado a un sinfín de normas y trabas. Para estos autores, la comida se ha convertido en el nuevo sexo. Para otros, la asociación entre feederismo y erotismo hace que el pene se convierta finalmente en un órgano absolutamente prescindible.

El caso de Donna Simpson

No falta quien ha puesto reparos de género a esta práctica fetichista. Siendo habitualmente la mujer la que es “cebada” por parte del hombre, acostumbra a darse la situación de que la mujer acaba adquiriendo un rol absolutamente dependiente respecto al hombre, que es quien se encarga de alimentarla y, por tanto, quien tiene poder sobre ella. Esta circunstancia ha hecho que muchas personas consideren la práctica del feederismo una práctica sexista. Y es que, en la mayoría de los casos, los feeders son hombres y los feedees, mujeres.

En este sentido acostumbra a ponerse como ejemplo a Donna Simpson, una enfermera de Nueva Jersey que llegó a pesar 280 kilos.

El caso de Donna Simpson es, sin duda, paradigmático dentro de este universo. Esta mujer pesaba 230 kilos cuando dio a luz a su hija. Para realizarle la cesárea (que, como cabe suponer, fue de altísimo riesgo) se necesitó un equipo de 19 personas entre médicos y enfermeras. Colocada sobre tres camillas, Donna Simpson dio a luz finalmente a su hija Jacqueline.

Philippe, el padre de la hija de Donna Simpson, había conocido a Donna en un chat de mujeres gordas. “Cuanto más engorda, más sexy es”, ha afirmado Philippe en alguna ocasión. Sin duda, Philippe es el caso prototípico de hombre feedeer.

Donna Simpson, convertida en personaje popular dentro del mundo feedeer, decidió crear una web de pago para exhibir sus carnes o mostrarse comiendo, por ejemplo, 70 sushis. Patatas fritas, filetes, pizzas, pasteles, rebanadas de pan con manteca de cacahuete, muchas latas de refresco… todos estos alimentos servían para que, poco apoco, Donna Simpson fuera ganando peso y anchura.

Semejante a esto es lo que realiza la joven coreana Park Seo-yeon. Esta joven dedica tres horas diarias a exhibirse comiendo por internet y eso le reporta unos ingresos de más de 9.000 euros al mes. Park Seo-yeon puede comer en directo 30 huevos fritos, cinco paquetes de sopa y una caja de patas de cangrejo. En cierto modo, dicen los psicólogos, lo que Park Seo-yeon hace es convertir el acto de comer en una especie de transgresión contra la moda imperante.


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