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Dominación

La práctica de la dominación permite al ama expresar su poder. Al asumir ese rol y todo lo que eso implica (nuevos comportamientos, nuevo lenguaje, nuevos rituales), la persona que ejerce de ama siente, psicológicamente, que se convierte en alguien más. Si escoges ese papel podrás hacer y decir cosas que, en la vida ordinaria, están estrictamente prohibidas. Paradójicamente, ese alguien que hace esas cosas “prohibidas” eres tú mismo. Es una parte de ti quien elige hacer esas cosas. Aunque a esa parte de ti no le dejes, por lo normal, decir la suya.

La transformación es singularmente liberadora. Lo que te permite el juego de convertirte en poderosa y malvas es más que una cura segura para el estrés. Algún psicólogo de relumbrón hablaría de la integración de tu sombra, de su aceptación. Al principio, y sobre todo si eres una buena chica, te puede parecer algo esquizofrénico. Después, no lo dudes, redundará en tu sensación de seguridad y en tu autoestima. Mucho mejor poder imaginar a tu jefe lamiéndote los zapatos y a tus pies, libidinoso perdido, que acongojarte por su acoso sexual pensando que has hecho algo que le ha invitado a tomarse esas licencias contigo.

Capacidades de un ama

Como una ama, usted será capaz de inspirar el respeto que muy posiblemente no pueda inspirar de otro modo porque, en muchos niveles y todavía hoy, nuestra cultura devalúa a la hembra y exalta al hombre. Cada día las mujeres sufren los embates del poder de los hombres, su acoso y, en muchas ocasiones, su mala educación y su falta de respeto. Volver a casa después de un encuentro con un cerdo estúpido que te haya hecho sentir mal y poder jugar a humillar a un hombre que adora a su ama y a su condición divina es una de las mejores curas que pueden existir para la autoestima. ¿Qué mejor que un hombre a tus pies, respetando y adorando todos tus atributos, desde tus pies hasta tus bragas, desde tus partes más íntimas a tu negro cabello? ¿Y qué decir de la emoción de rebelarse contra la tradición cultural que siempre apuntó a que el hombre debe de ser servido y satisfecho?

También, claro, no hay que olvidar que existe la simple emoción y excitación que produce el poder. No en vano en muchas ocasiones se ha dicho que el poder es el mayor afrodisíaco que existe. Ver obedecer tus órdenes te producirá placer, no lo dudes. Y aprenderás a ser juguetonamente malvada. Un hombre que será tu siervo, que obedecerá tus órdenes, que tendrá que hacer con su boca y su lengua lo que tú le pidas. El castigo será una experiencia emocionante. Su aplicación, un gustazo.

La imposición de sanción se convierte en una experiencia muy emocionante para su golpes (lo que merece y deseos) no sólo producir pruebas satisfactorias de su poder en forma de lágrimas, gritos, y las mejillas enrojecidas países bajos, que también se produce un cambio en el comportamiento del compañero. La mayoría de nosotros deseamos que tienen un efecto en este mundo, y al ser un ama produce bastante entretenido y efectos inmediatos.

Por ejemplo: una sabia ama que sepa jugar sus bazas puede convertir en su siervo de cama en, digamos, su siervo de limpieza. Si el ama es tan hábil como para “introducir” en sus juegos las labores domésticas, éstas pueden ser realizadas por ese entregado adorador que, disfrutando del placer de servirte, te cocinará, limpiará la casa, lavará, tenderá y planchará la ropa… También eso puede ser parte de tu satisfacción sexual. Si le convences de eso, tienes mucho ganado.

Como ser una dominatrix

Pero para llegar a eso, no lo dudes, hay que derrumbar otros muchos estereotipos. El hombre también tiene una sombra heredada culturalmente. El hombre no tiene que llorar. Ni llevar según qué ropa. Ni esperar acontecimientos. No: el hombre no debe quedarse en un rincón esperando que las cosas pasen. No puede ser (o no debería de ser, según los consejos tradicionales) pasivo. El hombre debe der ser activo. Y fuerte. Y silencioso en el dolor. Su papel en vuestros juegos como, pongamos por caso, colegial azotado o bebé en pañales debe permitirle, por encima de todo, expresar sus emociones. Seguramente, si te acepta como ama y se presta a ser tu siervo es porque, en el fondo en el fondo de sí mismo, él no quiere ser activo ni fuerte. Él sólo quiere, muy probablemente, entregar su voluntad a una mujer y desprenderse de todas las obligaciones que la sociedad quiere imponerle.

Y es que, continuamente y a diario, la sociedad demanda masculinidad a los hombres. El hombre tiene que tener éxito. Tiene que mantener el ritmo. No puede dar un paso atrás ni esquivar la responsabilidad de buscar el triunfo. No es tan importante para el hombre “ser” como “hacer”. No es de extrañar que muchos hombres, agotados psicológicamente por esas exigencias, busquen el contacto con su yo más oculto entregándose a las reglas que se pacten con una dominatrix.


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