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Si te has decidido hablar con tu pareja acerca de tus fetiches

Porque quieres hablar, ¿verdad? Si es así, plantéate los diferentes escenarios que puedes encontrarte para hacerlo y, sobre todo, imagina cómo puede reaccionar tu pareja. La anticipación y la previsión te servirán para estar preparado para afrontar cualquier desvío que pueda tomar la conversación. Ensáyalo todo bien en tu cabeza antes de que tenga lugar la conversación y hazte a la idea de que no todo fluirá tal y como tú lo hayas imaginado.

¿Cómo romper el hielo para iniciar la conversación y llevarla adonde te interesa? Te daremos algunas ideas.

Por ejemplo puedes decirle: “mira, leí esta escena en una de esas revistas que sabes que tanto me ponen. Me pareció algo un poco, no sé cómo decirte… inusual. ¿Te apetece leerlo y decirme qué te parece?”

O, por ejemplo: “siempre he sentido curiosidad por ponerme un traje de látex. ¿Qué debe sentirse? Quizás vaya a una de esas tiendas en las que los venden y me compre uno”.

O: “nunca había estado inmerso en una relación como la que tenemos, cariño; me siento especialmente libre contigo; no tengo miedo alguno de contarte alguna de mis fantasías; seguro que tú también las tienes; no sabes cuánto me gustaría conocerlas y hacértelas realidad”

Si se abre el camino, ten presente una cosa: tanto si habláis de lo que te excita olfatear sus bragas como si lo hacéis de lo bien que estaría practicar un juego de rol, compartir tu fetiche os va a acercar. Descubrir los secretos más íntimos de cada uno y afrontar la posibilidad de hacerlos realidad es una gran oportunidad para estrechar lazos y para aventurarse por territorios nuevos y excitantes, lejos de los viejos rituales, brindándose la oportunidad de ser más felices. Nada mejor que algo nuevo y excitante para caldear una relación que puede empezar a enfriarse.

A menudo, nuestras más calientes fantasías fetiche vienen de los lugares que visitamos con nuestra imaginación cuando nos masturbamos. Exponer ese secreto tiene un riesgo: que tu pareja sienta que colocas a tu fetiche en primer lugar. Ese riesgo emocional hay que correrlo y minimizarlo dentro de lo posible.

Aunque también es cierto que no todo el mundo se va a sentir vulnerable revelando sus fantasías. Muchas personas se sentirán liberadas y satisfechas al expresar su sexualidad real. También puede suceder que lo cuentes, lo pruebes y compruebes que, en el fondo, no todo era tan excitante como pensabas. Eso no es malo. No debes sentirte frustrado por ello. Vuelve a tu antigua sexualidad si es ese tu deseo y en paz. No debes dar cuenta de tu sexualidad más íntima más que a ti mismo.

Puede ser increíble la introducción del fetiche en tus prácticas sexuales, ya sea imaginándolas mientras practicas el sexo como llevándolas en efectivo a la práctica con un socio entusiasta. La intensidad y la cercanía sexual que se encuentra cuando se hace participar a un fetiche es intensamente excitante para muchas personas. Esa intimidad es, a menudo, el mejor afrodisíaco.


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