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Fetiches y relaciones

Para algunas personas, su amor por masturbarse sobre ciertos tipos de zapatos es una cosa privada, y consideran que lo apropiado es que siga siendo así. Otras personas pueden sentirse muy culpables por el hecho de tener en secreto a su pareja que es fetichista. Otros, dispuestos a formar con su pareja una relación estrecha e íntima, prefieren compartir esta especie de juguete sexual con ella y divertirse juntos.

Para el fetichista, es difícil encontrar a personas que, en comunidades pequeñas, puedan compartir sus gustos. Las citas pueden estar lastradas por el miedo a sentirse decepcionados, heridos o, llana y simplemente, fracasados.

Acostumbramos a establecer nuestros propios cánones de normalidad. Lo que puede parecernos perfectamente saludable en nosotros puede parecernos enfermizo en los demás. Lo importante es tener en cuenta los límites que cada persona establece en su sexualidad, sus sentimientos y evitar en todo momento herir a nadie y, sobre todo, disfrutar de uno mismo y de la propia sexualidad dentro de unos límites razonables. Para conocer esos límites, es necesario que estés bien informado. Si tu fetiche implica o puede implicar dolor, hay que atender a las normas específicas de seguridad que vayan asociadas a él. No hacerlo supondría correr un riesgo estúpido. De lo que se trata es de gozar y de buscar el placer, no de resultar lesionado o malherido.

Obviamente, para que tu fetiche actúe de manera efectiva y te sientas feliz con él, debe estar integrado en otras partes de tu vida. Lo importante es que tú te sientas bien y disfrutes de él, preferiblemente en compañía de tu pareja. Si no fuera así, en cierto modo estarías escindiendo tu vida en dos, y eso nunca suele ser bueno.

¿Estás listo para compartir tu fetiche?

Lo hemos repetido en más de una ocasión. Los fetiches, e incluso los intereses y fantasías sexuales de cada uno, suelen mantenerse en secreto. Esto es debido a que los fetiches se han considerado históricamente desviaciones sexuales, permutaciones de la normalidad. Venimos reiterando que ese concepto de “normalidad” debería desterrarse del lenguaje cuando estamos hablando de sexualidad. La definición de normalidad varía mucho de una persona a otra e, incluso, de una cultura a otra. Lo que para ti puede resultar una aberración inconcebible para mí puede ser el placer más deseado y viceversa.

Una cosa sí es cierta: no es normal que los fetichistas se sientan, de buenas a primeras, dispuestos o convencidos de compartir su fetiche con su pareja o los demás. Vergüenza, temor, miedo al fracaso o a la incomprensión lastran ese deseo de comunicación y de compartir algo tan íntimo como un fetiche. Pero piensa que compartir esa intimidad con tu pareja puede hacer que vuestros lazos se afiancen aún más y que vuestra unidad se haga más fuerte. El hecho de intentar compartirlo o no es una gran decisión a tomar. No en vano, puede cambiarte la vida y hasta la naturaleza del fetiche.

Antes de dar ese paso (antes de intentar compartir tu fetiche) hazte varias preguntas e intenta contestarte con absoluta sinceridad. Tu fetiche, ¿va a seguir siendo tan divertido si alguien lo conoce? ¿O quizás sería mejor mantenerlo como un juguete privado que sirva para iluminar o inspirar tu masturbación? El contenido de tu fetiche, ¿puede impactar a tu oyente? ¿Puede ser constructivo y enriquecedor el compartirlo?

Antes de dar el paso decide hasta dónde quieres llegar con él. ¿Quieres verdaderamente convertirlo en parte importante de vuestra relación o sólo quieres utilizarlo como algo a lo que referirse de una manera más o menos sucia durante el acto sexual? Piensa en lo que realmente quieres que el fetiche sea para ti y tu pareja y piensa que, si quieres en verdad dar ese paso, tendrás que ser capaz de detallar de un modo más o menos fiel lo que exactamente quieres hacer y cómo quieres hacerlo. Que no haya dudas ni puntos oscuros.

Después de realizarte todas esas preguntas y de contestarte con la mayor sinceridad posible, valora el resultado. Pregúntate si podrás aceptar un rechazo. Si crees que no, ciertamente no estás preparado para intentar comunicar ese secretillo tan importante para ti. Y si es así, ¿crees que podrás vivir felizmente con ese secreto sin comunicarlo a tu amante? Del mismo modo que puedes recibir un sí entusiasmado por su parte, puedes recibir un no tajante. O incluso puede ser que tu pareja tenga también su propio fetiche escondido en el armario de sus secretos. ¿Y si resultara que ese fetiche oculto de tu pareja no te gustara? Todas estas variables son posibles.

Con excesiva frecuencia sabemos lo que queremos pero no sabemos cómo conseguirlo. Debes prever la sorpresa, incluso un mini estado de shock por parte de tu pareja. Hasta puedes prever el disgusto, aunque prever el disgusto es más desalentador. Para empezar a hablar sin demasiadas ataduras mentales, es importante que aprendas a hablar de los deseos, y cuando decimos hablar de los deseos no estamos hablando en exclusiva de los tuyos. También lo hacemos de los de tu pareja. Te daremos algunos consejos sobre ello.


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