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¿Qué son las endorfinas?

Todos hemos oído hablar de ellas y sabemos que, de un modo u otro, intervienen en las relaciones y en los juegos BDSM pero… ¿sabemos exactamente lo que son las endorfinas? ¿Y sabemos exactamente cómo funcionan?

Las endorfinas son unas sustancias (científicamente son catalogadas como péptidos opioides endógenos) que produce nuestro propio cuerpo de manera natural y que poseen la finalidad principal de atenuar el dolor y, con ello, de producir una sensación de bienestar más o menos marcada. Las endorfinas, así, vendrían a ser una especie de opiáceos naturales que provocarían, entre otros, los siguientes efectos:

  • Promover la calma.
  • Mejorar el humor.
  • Retrasar el proceso de envejecimiento.
  • Potenciar las funciones del sistema inmunitario.
  • Reducir la presión sanguínea.
  • Reducir los niveles que adrenalina generados por algún estado más o menos intenso de ansiedad.

Entre las actividades que suelen servir para aumentar los niveles de endorfinas encontramos actividades tan variadas como recibir un masaje, tomar el sol, comer chocolate, meditar, cantar, bailar, pintar, correr, nadar, ir en bicicleta o, lo que a nosotros, en esta sección, más nos interesa, practicar BDSM.

La parte sumisa experimenta subidones puntuales de endorfinas durante todo ejercicio BDSM. La parte Dominante, por su parte, debe saber cómo provocar que el cuerpo de la persona sumisa experimente dichas descargas. En gran medida, el éxito de todo encuentro BDSM y de toda práctica de este tipo de juegos depende de que la parte Dominante sepa intuir cuándo el cuerpo de la persona sumisa está preparado para realizar una de esas descargas.

¿Existe una regla general al respecto? Podemos decir que sí. Sabiendo que las descargas de endorfinas se liberan en secuencias, debemos saber que entre secuencia y secuencia debe pasar un tiempo mínimo y que ese tiempo mínimo oscila generalmente alrededor de los 10 minutos. Tras provocar un estímulo de intensidad suficiente como para que la parte sumisa experimente esa descarga/liberación de endorfinas de la que hablamos, la parte Dominante deberá dejar pasar diez minutos antes de ejecutar otro estímulo que sea capaz de producir una respuesta semejante por parte de la parte sumisa, es decir: la parte Dominante deberá dejar pasar uno diez minutos desde la última descarga de endorfinas para que la parte sumisa pueda experimentar otra. A los cinco minutos de experimentar aquélla, la parte Dominante podrá volver a aplicar técnicas de dolor cuya intensidad debe ser creciente. ¿Qué se consigue con eso? Que la parte sumisa llegue, cada vez más, a estados alterados de conciencia más profundos.

Niveles de liberación de endorfinas en el BDSM

Los principales teóricos del BDSM defienden que a lo largo de una sesión BDSM pueden alcanzarse seis niveles de liberación de endorfinas diferentes. Esos seis niveles son los siguientes:

  • Nivel 0. Al inicio de una sesión BDSM las endorfinas no han sido liberadas. Esto provoca que cualquier tipo de “tormento”, por suave que sea, cause dolor en la parte sumisa. Esa sensación de dolor hacer que, en poco tiempo, la persona sumisa experimente un “subidón” de endorfinas. Este subidón de endorfinas tiene un efecto inmediato: el umbral del dolor de la parte sumisa aumenta, lo que permite la aplicación de otros tipos de tormentos un poco más intensos.
  • Nivel 1. Habiendo llegado al instante en que la parte sumisa haya liberado su primera descarga de endorfinas hay que procurar, durante diez minutos, que el nivel de excitación de aquélla no disminuya en exceso. ¿Cómo? Con golpes suaves y relativamente constantes. Pasados esos diez minutos, hay que volver a incrementar el dolor hasta que la parte sumisa llegue a su nuevo umbral de dolor. Llegado a él hay que intensificar un poco el dolor para mantenerlo en un nuevo grado, superior al referido umbral, durante unos diez o quince segundos. ¿Qué habremos conseguido con ello? Que el cuerpo de la parte sumisa vuelva a efectuar una descarga de endorfinas estableciendo de ese modo un nuevo umbral de dolor.
  • Nivel 2. Este nuevo nivel exige el mantenimiento de un grado de dolor que, pese a ser más o menos constante, debe mantenerse muy por debajo del nuevo umbral del dolor establecido en el último nivel. Eso sí: cada minuto debe alcanzarse un pico un tanto más intenso. Tras un período de diez minutos realizando este tipo de estimulación hay que, durante cinco minutos, volver a incrementar el grado de intensidad de la misma. Llegados al umbral del dolor, deberemos hacer como en el nivel anterior: traspasar entre 10 y 15 segundos dicho umbral para, alcanzada la descarga de endorfinas, ubicar el umbral del dolor un poquito más allá.
  • Nivel 3. Llegado a este nivel la persona sumisa experimenta una cierta sensación de atontamiento, de notar los párpados pesados. Menos inhibida, esta persona gime más y se queja, pero todo ello dentro de un estado de incipiente relajación. Actuando como se ha actuado en los niveles anteriores se conseguirá una nueva descarga de endorfinas y la entrada en un nuevo nivel.
  • Nivel 4. En el nivel 4, la persona sumisa ya presenta un estado de conciencia evidentemente alterado. Sometida y entregada, esta persona se halla a caballo de la lucha entre dos tipos de sustancias, la adrenalina y las endorfinas. La persona Dominante debe estar sumamente atenta durante este nivel a las reacciones de la parte sumisa. Hay que pensar que, en este nivel, la persona está prácticamente grogy. Hasta puede ser que se vea incapaz de pronunciar la palabra de seguridad. El límite del dolor infringido en esta sesión debe alcanzarse en este nivel. Será en él cuando se alcance el umbral máximo del dolor tras haber experimentado una nueva descarga de endorfinas.
  • Nivel 5. Éste es el nivel en el que la parte sumisa, inmersa en un evidente estado alterado de conciencia, entregada completamente a las órdenes de la parte Dominante, vulnerable y relajada, alcanza el máximo éxtasis.

El riesgo del nivel 6

La mayor parte de las sesiones BDSM acaban en el nivel anterior. Es a partir de aquí cuando comienza el aftercare, es decir, el período en el que la persona sumisa debe quemar la adrenalina y las endorfinas producidas durante la sesión BDSM. En algunos casos, sin embargo, se llega a alcanzar un nuevo nivel. ¿En cuáles? En aquéllos en los que la parte Dominante conoce a la perfección las características y los límites de su parte sumisa. No hace falta decir que esta fase de la sesión BDSM presenta múltiples riesgos. La parte sub se encuentra a merced absoluta de la parte Dom e, incapaz de articular palabra, recibe el “tormento” sin poder indicar límite alguno. Sus reacciones, de hecho, serán reacciones que en muchos casos parecerán más animales que humanas. En esta fase de la sesión BDSM, deberá ser la parte Dominante la que, en búsqueda de una nueva descarga de endorfinas, deba conocer el umbral del dolor de la parte sumisa y sus límites para no traspasarlos.


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