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Fuerza irregular y fantasías sexuales

De lo que estamos hablando no es de sexo tántrico, pero tampoco vamos a afirmar aquí que el BDSM tampoco es un deporte, aunque se pueda ver a sus practicantes sudar, perder el aliento, con el corazón bombeando sangre a doscientos por minuto, con las muñecas arañadas por una soga y los genitales y las nalgas tan enrojecidas como doloridos pueden quedar los músculos. Eso será así en mayor medida cuando se intensifiquen los contenidos del juego. De hecho, pueden intensificarse hasta el punto que el juego simule una violación en la que uno de los jugadores consigue lo que quiere, cuando quiere y como quiere.

Cuando este juego se lleva a cabo de manera consensuada y segura, y teniendo a disposición y bien interiorizada la mayor cantidad de información posible, podemos decir que esas fantasías que se llevan a la práctica forman parte de una vida sexual normal y sana y que pertenecen a la intimidad privada de los jugadores. Sin embargo, tenemos que tener claro que, para practicar los juegos BDSM, es necesario, previamente, mantener un debate sobre los límites y la seguridad del propio juego.

Las fantasías de uso de la fuerza en el universo BDSM acostumbran a implicar la representación del secuestro, el confinamiento en un dormitorio o mazmorra y la realización forzada de relaciones sexuales. Algo recurrente en estos juegos es la obligatoriedad impuesta e innegable del sexo oral. Generalmente estos juegos implican una servidumbre y, en ocasiones, una limitación espacial determinada por el hecho de que uno de los jugadores (el secuestrado/torturado) puede permanecer atado o incluso suspendido. La fuerza, en muchos casos, puede verse representada de una manera psicológica. Es decir: que uno de los jugadores puede imponer al otro diferentes órdenes, que van desde la de desvestirse a la de realizar un acto sexual determinado contra su voluntad.

Para intensificar esa sensación de fuerza y dominio y dejar más patente la servidumbre del jugador sumiso, el jugador dominante puede añadir al juego elementos de privación sensorial (una venda tapando los ojos, por ejemplo). También puede recurrir a las nalgadas (esos cachetes en el culo) o a los diferentes instrumentos de flagelación que se pueden encontrar en el mercado y que están diseñados y realizados especialmente para estas sesiones de BDSM.

La fantasía del poder no tiene sexo. Tanto un hombre como una mujer pueden ser el jugador dominante. Imagínate, mujer, lubricando el pene de tu pareja mientras la tienes con los ojos vendados. Imagínate colocándole un anillo en el pene. Imagínate tocándolo mientras él no puede saber lo que vas a hacer. Mastúrbale. Hazle una felación. ¿Es cierto que él no quería tener una erección? ¿Lo es que iba a oponerse con todas sus fuerzas a tenerla? ¿Por qué, entonces, está a punto de eyacular?


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